Orgasmo

Los orgasmos múltiples del hombre y de la mujer

El acto amoroso del hombre puede ser bastante corto, pero puede repetirlo muchas veces seguidas. Si el acto es lo suficientemente largo, la mujer termina muchas veces antes del orgasmo simultáneo o solitario del hombre. Sin embargo, existe una diferencia importante por tener en cuenta entre el hombre y la mujer: cuando la mujer repite los orgasmos, cada uno es más intenso que el siguiente; el período que sigue a un orgasmo será más fuerte que el que precedió y el orgasmo siguiente más intenso que el anterior.

En el hombre, por el contrario, si hay muchas eyaculaciones seguidas, el primer orgasmo será el más intenso, luego experimentará una baja de las sensaciones, que se transformarán en menos físicas y más mentales. Los orgasmos siguientes serán menos satisfactorios para él y más débiles.

En el caso del hombre que eyacula una vez, tras un acto muy largo, durante el cual utilizó muchas veces la técnica de aumentar y disminuir, la intensidad del orgasmo se verá generalmente duplicada. Sin embargo, si hace durar el acto más allá de ciertos límites (que le son personales), puede ocurrir que a fuerza de retenerse ya no eyacule. De esta manera, un hombre que hace el amor durante muchas horas o toda una noche puede que no tenga orgasmo al final, aunque en este caso deberá volver a hacer el amor al día siguiente.

Leamos este testimonio: «Me gusta hacer el amor durante mucho rato, pero termino con más facilidad al comienzo del acto. Si acabo de este modo, puedo tener muchos orgasmos y cada vez más intensos. Pero si no termino al comienzo (en general por que me expongo a hacer terminar también a mi amigo) puede ocurrir que no tenga orgasmo. Como el acto dura mucho y siento mucho placer, no me importa.»

Orgasmos en común

Hay diferentes rasgos característicos en el placer: algunas personas únicamente hallan satisfacción en el placer de su pareja, otras no piensan más que en el propio placer, y finalmente otras buscan un mutuo aumento del éxtasis. Todas estas clasificaciones son interesantes para reconocer el temperamento sexual predominante de sí mismo o de la pareja, pero se revelan reduccionistas si tú condicionas el conocimiento del otro en cualquiera de estas categorías. Si hicieras esto, lo limitarías (y a ti misma) a un papel fijo, suprimiéndole toda posibilidad de evolución. Ahora bien, lo esencial en la relación amorosa es preservar el futuro virgen, es decir, guardar un lugar preponderante para lo que pueda desarrollarse (en el sentido de la plenitud y la armonía) en el futuro, a partir de las bases y de los caracteres que existen en el presente.

Con esta confianza y con este puente hacia el futuro preservarás tu relación de toda determinación, emocional o mental, que pudiera agotarla. Definir a tu pareja en función de normas y esquemas mentales, es cortarla de la raíz de la vida, que es un flujo y un cambio incesante.

En las entrevistas, la mayoría de los hombres y mujeres prefieren el orgasmo simultáneo. Algunas mujeres, además, sólo llegan espontáneamente al orgasmo cuando el hombre termina. Otras necesitan antes que nada alcanzar el punto de no-retorno y dejarse acompañar luego por el hombre. Su orgasmo entonces se prolonga durante toda la duración del orgasmo del hombre. Otras aún, pueden terminar muchas veces en solitario y al final también con el hombre. Algunas conocen las posturas y los movimientos que provocan sus orgasmos y pueden controlar su aparición.

Si asocias estas diversas observaciones a todas las formas lógicamente posibles, tendrás una idea de la complejidad del tema pero sólo una pequeña idea, pues no pretendemos haber cubierto todas las posibilidades, y menos aún haber tomado en cuenta los casos particulares, que constituyen la regla en este campo.

Desmitificar el orgasmo

En todos los libros de psicología sexual y en la literatura erótica de nuestra época, el orgasmo es el criterio predominante para juzgar la calidad de las relaciones. El orgasmo es ciertamente una fase importante del acto sexual pero sería falso basar la calidad de las relaciones sexuales sobre este único punto.

En esa literatura todo está dispuesto para colocar al ser frente a una carrera que hay que llevar a cabo. La mayoría de los problemas sexuales, lo hemos visto, provienen generalmente del miedo y, en particular, del miedo a la competición. Los nuevos métodos empleados por algunos sexólogos (entre otros por Master y Johnson) se basan en la no exigencia de la mujer: el clima de caricias relajadas, sin esperar intempestivamente el acto o la erección; estos métodos son eficaces pues neutralizan el aspecto competitivo del acto sexual para incidir en el lado amistoso y confiado de la relación.

Sin embargo, incluso con estos métodos nuevos el orgasmo sigue siendo el criterio por excelencia de las buenas o malas relaciones sexuales.

Todo está pues basado en el aspecto cuantitativo de las relaciones: cuando hablamos de orgasmos múltiples del hombre o de orgasmos en cascada de la mujer, o de la frecuencia normalizada, nos referimos siempre a una noción de cantidad. Ahora bien, en las entrevistas, la gran mayoría de las mujeres interrogadas que había tardado algún tiempo en conseguir el orgasmo, han afirmado sin excepción que antes de ese descubrimiento habían sentido un gran placer. Olvidamos fácilmente el enorme número de parejas «normales» que no tienen ningún problema de orgasmo pero cuyas relaciones sexuales son poco satisfactorias.

Se desdeña totalmente el aspecto de la calidad, en circunstancias en que el placer o el éxtasis provienen de la calidad del acto amoroso y no de su desarrollo bien ordenado.