Las reglas del arte
Las dos virtudes esenciales en el arte de amar son la variedad y la imaginación.
Al desarrollar estos dos talentos, el placer común que experimentaréis irá en aumento y la calidad de vuestra relación sexual se hará tal que será cada vez más difícil para ambos encontrar otro compañero que os satisfaga. En efecto, cuando simplemente se trata de una relación física, se establece en seguida una incesante tendencia a buscar nuevos compañeros para contrarrestar la monotonía. Pero si estableces una profunda compenetración en el amor, tendrás por el contrario mayor placer con alguien que conoces mejor. Pocos hombres y mujeres saben que podrían aumentar su placer y se mantienen en una repetición majadera de la misma obra de teatro. Sin embargo, no irías a ver 50 veces la misma película, incluso ni 3, si es excelente; esto es humano. La mujer fiel, en este caso, se aburre mucho más de prisa, y su sensibilidad disminuye progresivamente. Termina por no sentir ya placer, cree que se ha vuelto frígida, incluso puede llegar a serlo psíquicamente, y empieza a buscar toda clase de excusas para evitar un acto que teme. Esta mujer se sorprendería sin duda si se permitiera la aventura que rechaza, al advertir que su frigidez se debe sólo a su compañero.
El hombre más directo en sus necesidades fisiológicas y la mujer más libre, cuando no se interrogan sobre la naturaleza o calidad de sus relaciones, encontrarán rápidamente otros recursos a su vitalidad a través de nuevas parejas. Sin embargo, es fácil rechazar toda monotonía y actuar de modo que el acto no sea nunca idéntico; te sorprenderá mucho constatar que tu sensibilidad aumenta por el solo hecho de evitar la repetición: descubrirás, junto a nuevas zonas de placer, otro registro de sensaciones más profundas.
La verdad
Existen mil maneras de aproximarse, innumerables caricias posibles, infinidad de ritmos; no hay más límites a las diferentes posturas que los de tu imaginación. Puedes cambiar las sensaciones mediante un lugar diferente, una música nueva, el uso de perfumes, de diversa ropa interior. Intenta por todos los medios romper tus hábitos y los de tu compañero.
Si un hombre te hace el amor fantásticamente la primera vez, luego lo hace cada vez menos y rápidamente termina por esperar que estés en la cama o que te desvistas sola, puedes hacerte algunas preguntas sobre la continuidad de tus relaciones pues, a menos que le expliques que tienes necesidad de otra cosa y de introducir tú misma un acercamiento distinto, te hundirás rápidamente en la indiferencia.
Si tú misma tomas un papel activo, buscando otra manera de hacer el amor, es más que probable que él apreciará ese descubrimiento y cambiarás sus costumbres. En efecto, es preciso recordar la gran ley del arte de amar: si aumentas el placer de tu pareja, aumentarás a un tiempo el tuyo, y viceversa.
Una mujer que hace muy bien el amor necesitará más tiempo para iniciar a un hombre, que un hombre experimentado en iniciar a una mujer.
En efecto, al ser la mujer más receptiva, se adapta inmediatamente a un nuevo paisaje amoroso. Se armoniza desde la primera vez con la manera de proceder del hombre, mientras que el hombre inexperto puede bloquear los movimientos de la mujer, ser demasiado pesado al desplazarse de una postura a la otra, ser más lento en descubrir un nuevo clima psíquico amoroso. Con todo, a menos que te compenetres afectiva o físicamente de manera fundamental, llegarás a resultados satisfactorios combinando conversaciones íntimas sobre el tema con una efectiva propuesta de nuevas relaciones.
Puedes hacer durar el acercamiento amoroso ya sea negándote momentáneamente (colocándote de tal manera que no pueda alcanzar demasiado de prisa su objetivo), ya sea tomando el papel activo y despertando poco a poco otras zonas erógenas de su cuerpo. Es verosímil que un hombre que no hace durar los preliminares amorosos no conoce él mismo todas las posibilidades de placer de su propio cuerpo, aparte la zona estrictamente genital. Al estimular su cuerpo, evitando en un principio el sexo, desplazarás su conciencia placentera de ese objetivo demasiado estricto, y eso desarrollará su sensualidad. En efecto, algunos pueden estar muy apegados a la sexualidad sin por ello ser sensuales.
La sexualidad está limitada al placer concreto de los órganos genitales. La sensualidad es un placer más global, una delicadeza que utiliza todas las zonas erógenas del cuerpo y todas las sensaciones posibles (por tanto otras regiones psíquicas) para envolver y adornar el acto sexual.
La sexualidad es una energía instintiva, automática, que tiende a la repetición. La sensualidad es una energía afectiva, creadora, que tiende a la continua innovación. El desarrollo de la sensualidad introduce en el amor un placer duradero y siempre distinto.
Ahora bien, sería falso creer que ciertas personas son ensuales y otras no.
Ciertamente existen seres que tienen una sensibilidad más desarrollada, aunque sólo depende de ti el estimular a tuya, ya que la sensualidad es un don de la sensibilidad. Cuanto más sensible seas, más sensual puedes volverte.
Cuanto más sutil es una persona en sus percepciones, más censual es. Una mujer muy instintiva podrá ser «excitante», atraer a los hombres y, sin embargo, no satisfacerles. Mientras que una mujer menos instintiva y más sensible tendrá todas las posibilidades de desarrollar tal cualidad, tanto en las relaciones físicas como afectivas; así, lo que dará será tan excepcional como una creación musical o un poema. A causa de esto, se puede hablar de un arte de amar. Se necesitan cualidades artísticas: imaginación, amor, don, creación, renovación.
El sentido de crear algo
Con certeza habrás observado, si tienes una cierta experiencia, que no son los hombres del tipo play-boy los que hacen mejor el amor. Son demasiado orgullosos y demasiado poco generosos para ello. Por el contrario, mejor lo hacen los hombres más sensibles, con un toque de fantasía; aunque si caen en la sensiblería o la blandura, también te verás decepcionada.
De hecho, hablo de hombres que han desarrollado la parte femenina de su ser, sin disminuir el lado masculino. Su personalidad está equilibrada; en ellos existe lo receptivo a un tiempo que el lado dinámico y creador. Igualmente, una mujer debe reconocer y equilibrar los dos aspectos de su ser.
Por su lado femenino, puede ser sensible, receptiva, cálida; por su lado masculino, puede comprender al hombre, ser activa, creadora.