Eyaculación

Un amante puede tener dificultades y sin embargo, debido a una extrema atención, conducirte a las cimas de la plenitud amorosa, pues pondrá contigo más cuidado y ternura que el hombre seguro de sí mismo, orgulloso de sus conquistas.

Toda aproximación a un control, sea el de la erección o el de la eyaculación, necesita de un clima abierto de confianza para alcanzar ese punto lo más rápidamente posible y con la mayor facilidad; pues la aproximación también debe estar desprovista de toda violencia superflua. El tiempo no tiene importancia en una unión rica en sentimientos. Cada paso constituye una nueva alegría o un sabroso descubrimiento. Ahora bien, el hecho de descubrir es lo más fresco y más vivificante que hay en la vida.

La duración del abrazo, en el amor, permite profundizar los sentimientos: es lo que crea un lazo intenso entre dos seres. Pues el amor no puede desarrollarse en medio de la velocidad o con contactos esporádicos; necesita la suavidad y de un tiempo indefinido para expresarse.

La duración no sólo es el tiempo necesario para que la mujer logre el orgasmo; es sobre todo vivir el sentimiento de una armonía que se instala fuera del tiempo, que transcurre silenciosamente, sin rupturas, y que finaliza como la eclosión de una flor. Esto hace que los seres que prefieren este estado de conciencia extraordinario no se satisfagan nunca con un acto corto, incluso después de haber alcanzado el orgasmo.

Cuando el hombre comienza a practicar el control de la eyaculación, descubre un nuevo mundo de sensaciones que no podía imaginar a través de las experiencias de corta duración que había conocido antes. Este control es pues un medio no sólo de aumentar la satisfacción de los dos amantes, sino también de realizar un intercambio único en sí, una verdadera comunión. Pese a que la fase de aprendizaje sea más difícil de vivir para el hombre, que saca de ella menos sensaciones momentáneas, ya que se ve obligado a no dejarse ir, los resultados a largo plazo valen ampliamente la pena.

Control y frecuencia

El control del hombre está ante todo ligado a un problema de frecuencia. En el caso de las relaciones ocasionales, se puede observar que cuanto más ha carecido el hombre de contactos amorosos más rápido va a terminar. La mujer, por el contrario, que no ha tenido contactos desde hace tiempo, necesita en gran medida un acto muy largo para sentirse satisfecha. Esto se debe a la necesidad física del hombre que, si es demasiado grande, se manifiesta mediante la incapacidad de defenderse contra una eyaculación precoz. Para lograr manejarla, el hombre necesita mantener relaciones estables y frecuentes.

La frustración sexual de la mujer se manifiesta por el contrario por la necesidad de sentir el mayor tiempo posible el contacto íntimo con el hombre. Hay que ser consciente, pues, de esta particularidad para intentar manejar la duración del acto.

En el caso de una primera vez, el hombre se halla abocado a una fuerte tensión, debido a la necesidad de satisfacer a la mujer, en circunstancias en que no sabe exactamente lo que ésta espera. Esta tensión, si coincide con un período de abstinencia sexual, puede dar lugar, la mayoría de las veces, a un fiasco, sobre todo si la mujer es poco experimentada.

El control no es pues una cosa fácil en el hombre pues hay muchos factores que entran en juego. La confianza y el clima distendido, en el que se sienta cómodo y relajado, son los más importantes. Ahora bien, son justamente estos factores los que la mujer domina de manera preeminente. Y, repito, los que ayudan a crear una atmósfera relajada, fluida y alegre en un primer encuentro.

En este estadio la mujer puede utilizar todos sus medios para desdramatizar el comienzo del acto y no hacerlo demasiado abrupto. Ya los enumeramos en el capítulo de la aproximación: el masaje, la ducha, la conversación distendida, las caricias preliminares prolongadas, todo esto para que logréis, tu compañero y tú, alcanzar una atmósfera óptima que hará de vuestro acto una perfecta conjunción: confianza, entrega, comunicación de alta calidad, intimidad, complicidad.

Debes saber ofrecer o pedir un whisky a un amante tenso, tomarle la mano, al tiempo que permaneces fuera de su alcance: así le prometes un feliz desarrollo pero evitas las prisas. Verás que poco a poco se serena su tensión desaparece y retoma el control de sí mismo.

En lo que respecta a una pareja antigua, el control se encuentra ligado a la frecuencia de las relaciones. Cada persona, hombre o mujer, posee un cierto ritmo sexual. Esta frecuencia ideal viene determinada por numerosos factores, entre los cuales se pueden citar: la edad, el temperamento sexual, el tipo de sentimiento que los une, etc. Las frecuencias de ambos amantes pueden ser muy diferentes o muy próximas. Si el hombre se encuentra, en su propia frecuencia, muy cerca de su compañera, entonces tendrán pocos problemas de control. Por el contrario, si la frecuencia de las relaciones de la mujer está demasiado alejada de su propia frecuencia ideal, entonces le costará mucho controlarse.

La pareja debe pues buscar una frecuencia común, a medio camino entre las frecuencias del hombre y de la mujer. Este problema es crucial en la pareja y su resolución proviene de la voluntad de ambos para encontrar una armonía; eso que hemos llamado el sentido de crear algo en común.

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