Caricias profundas

Después de las caricias preliminares, matizadas con ligeras fricciones en el sexo o en la entrepierna, cuando tú misma sientas el deseo de ser acariciada más profundamente, baja hacia la zona sexual del hombre e intensifica los tocamientos a través de la ropa.

Tanto como a ti te gusta ser desnudada lentamente de la manera más erótica, así le gusta al hombre la aproximación activa de la mujer. Reacciona con una gran excitación cuando la mujer abre la cremallera de su pantalón para tener acceso a su pene. Hacer este gesto es también muy excitante para ella.

Sea cual fuere el modo de acercarse, procede con lentitud y sin movimientos bruscos. Es tan fácil para la mujer como para el hombre arrastrar a su pareja a cambiar de posición, si existe una atención mutua exclusiva. Muestra el movimiento que deseas, empujando ligeramente el cuerpo del hombre en la dirección deseada, y deslízate sin sacudidas de una posición a la otra. La aceptación de estos cambios, tanto para ti como para tu compañero, es esencial para descubrir nuevas posturas. Si quieres desnudar totalmente a tu compañero, lo que es tanto más sensual cuanto que introduce un factor de novedad siempre muy apreciado, hazlo de la manera que te gustaría que te lo hicieran a ti: suavemente, con tanta sensualidad y ternura como sea posible, añadiendo a los gestos hábiles caricias en las zonas lentamente desnudadas. Cuanto más tiempo te tomes, alternando los cambios necesarios de posición y los besos, tanto más cómodos y armoniosos serán los gestos.

Los músculos de las nalgas

Son muy sensibles, tanto en el hombre como en la mujer, y reaccionan tanto a las caricias fuertes, más próximas al masaje, cuanto a las caricias ligeras con la punta de los dedos o también a los mordisqueos. Presiona con fuerza el músculo entre la palma y los dedos, en diferentes lugares; estas presiones, muy apreciadas en los preliminares, son especialmente excitantes en lo más fuerte de la tensión, para acompañar los movimientos.

La caricia del falo

Al ser, con toda seguridad, la caricia más excitante, requiere el máximo de atención y de delicadeza. Una caricia de todo el falo, ligera, con la palma lisa y los dedos jugando en los testículos, es agradable al comienzo para apreciarlo en todo su esplendor.

Si la erección no es aún total, rodéalo con tu mano fuertemente, y a uno o dos centímetros bajo el glande, mueve el prepucio de arriba abajo. Los movimientos lentos al comienzo, cuya velocidad y presión aumentan poco a poco, son generalmente los más agradables. Estos movimientos de arriba abajo tienen por efecto, entre otros, afianzar la erección.

Si el pene está en plena erección, puedes unir a esos movimientos de arriba abajo, practicados con una mano, una ligera presión de la palma libre sobre la punta del glande.

El glande:

los puntos que reaccionan con más fuerza a la excitación son:

— El prepucio, es decir, la piel tensa verticalmente que une la punta del glande con el tronco del falo. Es tan sensible que algunos hombres dicen que les proporciona la misma sensación que el clítoris en la mujer. Puedes acariciar delicadamente esta piel o también hacerla subir y bajar, permitiendo que el glande esté de este modo lubricado.

— La punta extrema del glande: ejerce golpecitos o presiones en ese lugar.

— La corona: cuando la excitas haciendo deslizar la piel exterior del pene sobre ella, se convierte en la zona más erógena del pene.

El tronco:

El lugar más sensible es la línea vertical que semeja una vena hinchada, prolonga el prepucio y se une a la sutura de los testículos. Coloca tu pulgar verticalmente sobre esta vena, mientras los dedos hacen presión en la parte posterior del pene, y muévelos de arriba abajo.

Los movimientos de arriba abajo:

Los movimientos más agradables, en una fase de estímulo que puedes hacer durar, son los menos mecánicos y, por el contrario, se apoyan en varios puntos sensibles. Por ejemplo, si tomas el pene como dije anteriormente (con el pulgar en la vena), puedes hacer movimientos amplios con la piel sobre el glande, mientras vuelves la mano lentamente; de este modo descubrirás una especie de ocho vertical o S; no obstante este movimiento es menos amplio.

Varía y coloca tu palma en la vena sensible, y tu pulgar en la cara externa (tu mano no se desplaza para tomar esta nueva posición, sólo el pulgar toma el lugar de los dedos que se extienden).

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