Acercamiento sensual

Respuesta al acercamiento del hombre

Si el hombre empieza a abrazarte y acariciarte la boca, el rostro, los brazos, los pies (cualquiera sea su fantasía), y te sientes «conectada» con él, es decir, que ese ritmo te conviene, responde igualmente con caricias preliminares: con seguridad tienes frente a ti a un hombre que ha estimulado las múltiples zonas erógenas de su cuerpo y al que también le gusta que se las estimulen durante el acto.

Hay que recordar que, en materia de amor, la manera en la que uno acaricia al otro refleja muy a menudo la manera cómo a esa persona le gustaría que la acariciaran. Al introducirte en el clima sensual de tu compañero tienes, pues, todas las posibilidades de darle el máximo de placer. Las zonas más sensibles del hombre son el cuello, el interior de la oreja, los labios y la boca, los párpados, el pecho, las tetillas en un gran porcentaje de casos y las axilas.

Si el hombre se te acerca muy suavemente a esas zonas, haz lo mismo y evita caricias demasiado precipitadas sobre su sexo, a no ser ligeras fricciones muy rápidas, en esa zona y en el interior de los muslos. La caricia de los pies, original, es generalmente muy apreciada.

El juego de eludir

Si notas en el hombre una cierta precipitación o torpeza causada por la tensión, debes eliminar ante todo esa tensión. Puedes jugar «a esquivarlo», haciéndole imposible el contacto con tu sexo.

Técnica de concentración sobre una zona

Al tomar un papel más activo, tú misma establecerás un ritmo más lento y más relajado: puedes besarle largamente en la boca, lo que le hará tomar conciencia de la variedad de placeres que se pueden obtener en un punto preciso; esto lo desvía momentáneamente de la meta, al hacerle sumergirse más profundamente en sus sensaciones.

Técnica de envoltura

También puedes elegir una técnica envolvente: le das un máximo de sensaciones variadas, en todas las zonas erógenas del cuerpo (teniendo cuidado de no rozar más que ligeramente su sexo), lo bastante rápida como para «hacerle perder la cabeza», pero lo bastante lento como para estar segura de que en cada lugar ha experimentado el particular placer que tú querías hacerle sentir. Su espíritu se despeja de prisa de preocupaciones o miedos inoportunos, y cuando sientes que no piensa más que en las sensaciones que recibe, entonces es bueno mitigar tu ritmo para establecer un clima distendido y sereno en el cual él va a poder sentirse bien y volver a ser activo.

Ya que has tomado la iniciativa, ahora es preciso permitirle regresar a su propio ritmo, para que se sienta activo. En ese momento, puedes utilizar la técnica de concentración sobre una zona; con un ritmo más lento, habiendo olvidado sus tensiones, podrá volver de nuevo a acariciarte. Si quieres que retome el papel activo, ponte en posturas receptivas, aminora tus caricias, abandónate o guía sus manos hacia los lugares deseados. Si quieres conservar el papel activo, o si entonces él mismo no retoma el polo activo, cuando estés segura de que se siente bien en ese ritmo o en el papel receptivo (por las exclamaciones, resuellos o elevación de la respiración), sigue adelante con tus caricias. Él aún podrá encontrar un polo activo después de la penetración.

En el caso de un hombre competitivo, seguro de sí, pero que va demasiado de prisa para tu gusto, libérate de toda posición en la que estés neutralizada y busca posiciones laterales que te dejarán más libertad de movimientos. Entonces, establece un juego de elusión, esquivando las caricias demasiado rápidas. Cambia varias veces las posturas laterales: sentada de todas las maneras posibles, estirada, semiestirada. Ponte detrás de su espalda para acariciar su pecho, sin dejarle ya ninguna posibilidad de cogerte, y guía sus manos hacia una zona que te guste o bloquea una de sus manos al abrazarle (la caricia de un dedo es maliciosa y muy excitante).

La técnica consiste pues en desviar su atención hacia zonas erógenas secundarias en él y en ti. Sin embargo, no hagas durar demasiado tiempo ese juego ya que tendría como efecto, al excitarle más, la reducción del acto. Otra técnica es proponerle una ducha en común.

Pocos hombres pueden penetrar a una mujer de pie, ya que eso depende de muchos factores (alturas respectivas de los cuerpos, dificultad de penetración y de conservación de la postura, etc.). El hombre estará pues obligado a acariciarte, aumentando tu excitación y la suya, y tendrás así una forma segura de hacer durar los preliminares. El agua, además, nos devuelve al elemento maternal y en ese medio tiende a manifestarse la ternura.

Con el hombre de temperamento dominante, evita hacer demasiados avances, pero busca las posiciones de lado e instaura una especie de juego. Evita también un papel demasiado pasivo, que encerraría tu relación en un ámbito fijo y definido.

 

 

 

Continua >>>