Técnicas de Acercamiento
Cierto, cada ser es único y cada situación diferente. La mejor manera de que te aproximes a tu pareja será una actitud espontánea e intuitiva, surgida del instante y de su sabor inédito. Sin embargo, si es el primer encuentro, asegúrate de que primero se establezca algún tipo de complicidad, que ello se exprese claramente y sin equívocos: ella ha aceptado una invitación, tarde en la noche, tras una cena íntima, a visitarte en tu casa, etcétera. Su jovialidad, su risa y la manera de sentirse bien y cómoda en tu espacio, serán las señales inequívocas de esa complicidad. En una muchacha más reservada o en una mujer más sensible, estas señales serán por el contrario una mirada intensa o una dificultad para expresarse: lo que no pueda expresar con los gestos o las palabras, a causa de su gran emoción, lo expresará silenciosamente con los ojos. Es la promesa de una relación rica y profunda en el plano sentimental, que necesita de mucho silencio y poesía para manifestarse.Lo que todas las mujeres buscan y esperan, sean ellas tímidas o provocadoras, es ante todo una intimidad compartida; por esto, escucharlas y tratar de comprenderlas será más eficaz que hacer grandes discursos.Si la relación ya está establecida, elige un momento de complicidad particular, da libre curso a tu imaginación para que se instale un clima de intimidad... espera que el deseo se despierte también en tu amiga. Ganarás mucho con esos momentos de relajación. En efecto, un espíritu aún lleno de los ruidos y de los problemas cotidianos no te permitirá un placer real, y un momento violentado no podrá arreglarse durante el acto sexual. Trata pues de establecer esta intimidad antes de cualquier otra cosa.Tanto como el acto mismo, algunas mujeres aprecian el valor del silencio; otras prefieren palabras suaves. Si tú mismo te colocas en un estado de atención y de intimidad, sentirás hasta sus menores cambios de sensaciones y escucharás su llamado mudo. Mientras menos lo pidas de viva voz, más rápidamente se producirá una situación erótica. Así, es preferible comenzar una conversación banal aunque íntima, evitando temas demasiado intelectuales, permitiendo que aparezca el silencio, la música suave, antes que sumergirse en una atmósfera muy ardiente.De este modo le dejas la iniciativa a tu compañera para entrar ella misma en contacto contigo o para hacerte comprender que ahora espera un gesto; aunque hayas preparado toda la situación, tendrá entonces la impresión de que es ella la que se ha acercado libremente a ti, lo que redundará muy positivamente como factor de equilibrio durante vuestra relación. Pero si es ella la que hace el primer gesto no permanezcas inactivo y responde ardientemente a sus caricias. Pocas mujeres querrán seguir acariciándote antes del acto si permaneces pasivo, pues incluso la mujer más activa no puede considerar su acercamiento como una «empresa» sino solamente como un intercambio. Si te quedas pasivo es muy probable que se detenga, decepcionada, al cabo de un rato, e incluso si impides lo peor (es decir, que te deje de inmediato) no lograrás que se entregue totalmente a ti.Si la mujer necesita sentir al hombre activo en el acercamiento y durante el intercambio amoroso, generalmente ocurre al revés tras éste: en efecto, después de un acto que la ha satisfecho plenamente, la mujer seguirá con sus caricias sin esperar correspondencia y podrás estar seguro de su fidelidad en el futuro. Al hombre, por el contrario, le costará no permanecer pasivo. Además, hay que recordar respecto de esto que muchos hombres tienden a dormirse cuando se han satisfecho, lo que choca a muchas mujeres, pues ese momento después del amor es para ellas muy importante, en el sentido de que es en él cuando mejor se expresa su afecto y su amor, y esperan una respuesta idéntica, más allá de la sexualidad.Es pues en esos momentos, los más sutiles y difíciles de reconocer, antes y después del acto sexual, cuando se crea y se refuerza la relación afectiva. Son los momentos más importantes en una relación amorosa durable pues son ellos los que dan calidad y armonía al amor. Entra en contacto con ella de manera sutil, sobre todo si se trata de la primera vez.
Los acercamientos por sorpresa
Si esta primera aproximación que acabamos de describir es la que conviene mejor a la mayoría de las mujeres en la primera sesión amorosa, pasaría a ser repetitiva si se la adoptara como la única. A menos de estar en presencia de una mujer leopardo, el acercamiento debe realizarse más por tanteos que por un abrazo demasiado brusco; esto hará subir progresivamente la ola de placer.
El abrazo por la espalda
Nunca nos cansaremos de repetir que las caricias demasiado directas de los centros sexuales tienen generalmente efectos contraproducentes, como el de limitar el acto a una excitación puramente sexual, desprovista de toda sensualidad, o provocar una brusca reticencia y un bloqueo de tu pareja. Esto es especialmente así durante las primeras veces. Se puede decir, creo que sin temor a equivocarse (aunque siempre hay excepciones), que cuanto más joven e inexperta sea la mujer, más necesitada estará de un acercamiento lento y progresivo. Sin embargo, una mujer experimentada apreciará el morbo de un acercamiento por la espalda, si tocas su cuerpo con tu pecho, manteniendo la presión deseada, al tiempo que le agarras los senos con las manos. La intimidad de tu contacto estará en función de tu grado de confianza con ella (en una relación larga) o de la sexualidad provocante que desprende y que tú sabrás apreciar. Esta aproximación, para que sea agradable, necesita más de sensualidad que de excitación. Unas lentas caricias en los pechos pueden preceder a un momento de abandono inmóvil; liberando una de tus manos, puedes deslizaría suavemente a lo largo de su espalda, luego acariciar el contorno de las caderas, haciendo que ondule todo su cuerpo. Algunos besos en el cuello acabarán de conquistarla. Pero en el caso de la primera vez debes saber a lo que te expones: al desmayo inmediato o a un par de bofetadas.
