Tarot 806--------|Horoscopo 2010

Las caricias interiores

 

Cuanto más se despierte y acaricie a la mujer durante los preliminares, más elevado será el nivel de su sensualidad en la continuación del acto amoroso.

Si un hombre no practica nunca el arte de los preliminares, es posible que la mujer no conozca jamás la extensión posible de su sensualidad. Hay que comprender que la sensualidad no se despierta durante la penetración sino en los preliminares.

Si penetras a una mujer directamente, su grado de sensualidad será prácticamente idéntico al que tenía antes del acto; en otros términos, es casi imposible aumentar el grado de sensualidad de la mujer mediante la penetración. La única manera de hacerla pasar a una mayor sensualidad, es mediante caricias interiores. Es la razón por la cual un acercamiento rápido e inesperado no es deseable más que si estás seguro del estado de excitación previo de tu amiga. Y es una de las razones por la que los preliminares son tan esenciales para la mujer.

Otra razón estriba en la posibilidad de asegurar con certeza el placer de la mujer. Si no es excepcionalmente y mediante mucho control, el hombre siempre puede sufrir una eyaculación precoz. Ahora bien, en este caso y debido a las caricias preliminares, la mujer estaría ya parcialmente satisfecha, y no se sentiría demasiado frustrada por ese desenlace rápido. Finalmente, una razón muy importante es la de darse tiempo para ponerse de acuerdo psíquicamente, y reforzar así la relación sentimental de la pareja. En la mayoría de las parejas, el problema predominante viene de la tensión de la vida cotidiana y de la fatiga que causa el trabajo.

Un intervalo de relajación y de descompresión no sólo es deseable sino que generalmente es necesario para crear una ruptura respecto de lo cotidiano. Ahora bien, el sentimiento se expresa mejor en las caricias preliminares que en el acto mismo.

 

Las caricias y besos en el clítoris

Arrodillado al lado de la mujer, toma sus grandes labios con tu boca y mordisquéalos suavemente; pasa un dedo con un movimiento de vaivén a lo largo de su hendidura mientras apoyas la palma en el nacimiento del vello. Con el dedo cordial aprieta la zona clitoridiana, girando luego más abajo hacia la entrada vaginal (durante estas caricias, la mano se halla paralela a la línea media del cuerpo y el hombre está arrodillado de espaldas a la mujer pero a su lado). Apoya tu dedo cordial en la entrada de la vagina, luego sube hacia el clítoris apretando con toda la mano. Aprieta firmemente la zona clitoridiana deslizándote de un muslo al otro, sintiendo brincar el clítoris bajo tus dedos, lúego de arriba abajo y también dando un movimiento en redondo. Separa suavemente los labios con tu índice y deslízalo desde el clítoris a la vagina, luego sólo sobre el clítoris, más enérgicamente; siéntelo justamente bajo tu dedo, pues en eso consiste el arte de acariciarlo: el movimiento necesita ser más rápido, pero es inútil apoyar mucho. Juega con diversos tipos de movimientos: deslizamientos de arriba abajo, y de lado, sintiéndolo saltar (la presión debe ser más fuerte); esta sensación es muy voluptuosa para la mujer.

Alterna las caricias muy lentas y suaves sobre la punta del clítoris con caricias más enérgicas; apoya la punta de tu índice en el clítoris sin presionar y teniendo el dedo curvado; sube y baja muy rápido sintiendo la punta desnuda bajo tu dedo.

Lo que es extremadamente importante en esta caricia es haber desnudado el clítoris de la misma manera como aparece el pistilo de la flor de dragón, y luego permanecer en un contacto muy preciso con la punta erecta.

Si conservas el contacto, el placer de la mujer se duplicará. Si tu presión es vaga e imprecisa perderás todas las oportunidades de saber hasta qué intensidad puede ir la caricia del clítoris. En ciertas mujeres, la intensidad máxima provoca movimientos convulsivos de las piernas, imposibles de controlar. También hay que dosificar muy precisamente la presión de tus dedos según tu pareja. Una presión demasiado fuerte es desagradable y el placer puede convertirse en dolor.

Una presión demasiado fuerte e indistinta pone en evidencia la ausencia de conocimiento en la materia. Tendrás una idea exacta de la presión conveniente si recuerdas que el placer más intenso se debe a que la punta del clítoris salta sobre el músculo en el que se apoya; ahora bien, si ejerces una presión demasiado fuerte le impides saltar, y en lugar de eso, lo aplastas.

Una manera muy simple de volver a contactar de inmediato con la punta erecta del clítoris es subir desde él hacia lo alto del pubis.

La caricia del clítoris es más intensa cuando éste se halla lubricado. Si las secreciones internas de la mujer no son todavía lo bastante abundantes, puedes deslizar la mano hacia la vagina y penetrando un poco, sacar esas secreciones para llevarlas sobre el clítoris. Otra manera de proceder es depositar discretamente un poco de saliva en tu dedo, cosa que la mujer tal vez no apreciará que hagas, pero cuyos resultados le serán agradables.

Cuando la mujer está muy excitada, deslízate hacia su vagina e introduce el dedo a poca profundidad, con pequeños movimientos de atrás adelante, o mejor aún de subida y bajada; luego haz un solo movimiento profundo, más lento, tratando de alcanzar el fondo de la vagina, y sube hacia el clítoris.

Es posible que en un momento dado la mujer te guíe ella misma la mano hacia su vagina; en efecto, la caricia clitoridiana provoca una excitación a veces más nerviosa que sensual, e incluso la mujer que necesita de esta caricia puede de repente no poder soportarla (en general porque el movimiento es demasiado rápido y la presión demasiado fuerte). Si haces alternar esta caricia con movimientos suaves, sin apoyar, podrá soportarla durante más tiempo. Algunas mujeres logran el orgasmo sólo con la caricia clitoridiana.

También puedes intercalar la caricia con el beso haciendo saltar el clítoris con la punta tensa de tu lengua, y alternarlo con un resbalar de la lengua a lo largo de la hendidura de la vulva, o también tomar el clítoris entre tus labios firmes y endurecidos.

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