Cerca de su Sexo
Hacer nacer el mayor deseo en tu amiga es el arte de acercarte
al valle profundo por el camino más apartado. Si tu pareja ya
está llena de deseo, no harás con eso más que acrecentar sus
ganas. Si ella se despierta lentamente, toda aproximación
demasiado directa constituiría un error.
Mientras más tiempo emplees en hacer subir su deseo, más intensa
será vuestra unión. Todo el arte de hacer el amor puede
resumirse en el arte de hacer durar tu deseo. De que te dejes ir
a tu propia excitación o que cedas demasiado rápidamente a la
suya dependerá el hecho de que el acto sexual sea más o menos
corto.
Es pues deseable establecer prolegómenos de progresión lenta,
con el fin de controlar tus sensaciones, lo que contribuirá a
aumentar considerablemente la duración del acto amoroso. Ahora
bien, mientras
más largo sea vuestro acto más se duplicará vuestro placer
común. Con este objetivo tienes que conocerte perfectamente y
saber hasta qué grado de excitación puedes llegar sin exponerte
a una eyaculación precoz en el momento de penetrar a la mujer.
En este caso preciso, un juego elusivo puede impedirle a tu
pareja el acariciarte demasiado intensamente, mientras tratas
mentalmente de controlar tus propias sensaciones.
Si tu amiga despierta lentamente al deseo es preferible conservar el contacto amoroso con sus senos o con cualquier otra zona particularmente erógena. El deseo de algunas mujeres puede remitir bruscamente cuando detienes la caricia de sus senos para pasar a acariciarle el sexo. Si sientes la menor disminución de su excitación trata de conservar una de tus manos a la boca sobre uno de sus senos, de tal manera que sigas procurándole placer, y con tu otra mano baja lentamente hacia su vientre; evitando las caricias directamente sexuales, elige los suaves estremecimientos del vientre y de las piernas, rodeando la zona específicamente sexual.
Otra posibilidad es la de conservar el contacto con uno de sus senos con una mano, al tiempo que deslizas la lengua y los labios por su vientre.
Sea mediante caricias o besos, puedes bajar hasta los pies y luego volver a subir por sus piernas hasta el vientre, los senos y los labios, en un movimiento de vaivén: cambia entonces tu manera de actuar en cada viaje. Puedes hacerlo muy lento o muy rápido, con pequeños tocamientos. Esto permitirá que se despierte la sensualidad de todo el cuerpo y el acto será, además de sexual, muy sensual.
Si la mujer lleva pantalones, las caricias más sensibles a través de la ropa serán las efectuadas en el interior de los muslos, en el hueco de las ingles y alrededor del sexo. Si lleva falda, lo que te permite un contacto más directo y por lo tanto más sensible (aunque no forzosamente sexy), imagina toda suerte de caricias para subir por sus piernas, e incluso si ella pide caricias más profundas, apáñatelas para que la espera agudice su deseo.
Las caricias del vientre
En numerosas mujeres, el vientre es una zona particularmente sensible. Hay que recordar que si un tipo de caricia puede ser más buscado que otro, algunas posturas pueden aumentar considerablemente el placer de esa misma caricia. Una postura puede ser excitante por sí misma. Ésta es la razón por la que tienes que hacer corresponder las caricias en las que la respuesta es más positiva con posturas que se muestren excitantes para ti y para tu pareja y que al mismo tiempo, te permitan la mayor libertad de movimientos para acariciarla.
Respecto del vientre:
— Un roce con los dedos, con la palma de la mano o con la lengua, que produzcan leves estremecimientos parecidos a caricias infantiles, será un preludio agradable a caricias más profundas y permitirá una mayor relajación. Una excitación basada únicamente en la tensión debe ser evitada, y el mejor medio de evitarla es acariciar muy levemente las zonas específicamente sexuales. Mientras más extiendas la sensación a todo el cuerpo, más relajada y sensible se encontrará tu pareja.
— Caricias con la mano, muy profundas, masajeando globalmente el vientre.
— Un movimiento circular con la palma de la mano producirá un mayor abandono.
— En algunas mujeres, la zona del ombligo produce sensaciones directas en la vagina. Ésta es la posición ideal para presionar el ombligo: sentado entre sus piernas, coloca tus manos a ambos lados del vientre y masajéalo suave y profundamente. En esta posición puedes acariciar su ombligo con la lengua y realizar presiones más profundas sobre el mismo ombligo. En esta presión profunda, que hunde la piel dos o tres centímetros (el dedo te permitirá ser más preciso en el punto exacto), la que provoca la sensación que se propaga hasta la vagina. Una vez que se ha apretado uno de estos puntos, se puede hacer un movimiento de rotación con el dedo. En otras mujeres, este punto erógeno se encuentra a tres dedos por debajo del ombligo. Algunas mujeres, igual que algunos hombres, pueden ser reticentes a estas caricias precisas. Las zonas de placer varían mucho de un individuo a otro; por esto es mejor investigar la respuesta de tu pareja a tal o cual zona, con ligeras caricias, antes de proceder a caricias más profundas. Además, como el ombligo es muy sensible no hay que abusar de la presión profunda. Una sola presión, limitada a este lugar preciso, y una ligera rotación, serán suficientes.
