5 pasos para frenar las trifulcas
Antes de nada piensa que nunca ha habido una relación como la tuya y nunca habrá otra igual. Debéis resolver vuestras dificultades y desarrollar vuestra intimidad de la manera que sea más apropiada para los dos.
Evaluad vuestra relación. Cuando algo no va bien, una respuesta muy reptiliana es echar la culpa al otro. Nos sentimos mejor con nosotros mismos y podemos justificar nuestros fallos si pensamos que tenemos la razón. Pero eso nunca producirá resultados positivos. Todos los intentos genuinos de mejorar una relación implican responsabilidad personal y cambio individual. Los únicos comportamientos, pensamientos y reacciones que podemos cambiar o controlar son los propios. Por tanto, antes de evaluar vuestra relación (comunicación, intimidad, seguridad) evaluad vuestro estado personal (salud, bienestar, nivel de estrés...). Después, reflexionad sobre vuestras preocupaciones sobre la relación, sobre la influencia de vuestras familias, en aquello que cada uno de vosotros aporta a la relación y sobre los mitos o ideales que tenéis respecto a vuestra relación.
Aprended a comunicaros con serenidad. Quedad en un lugar y momento concreto para hablar con calma. Aprended a negociar evitando las luchas de poder. Si algún cambio importante ha hecho mella en vuestra relación
(muerte en la familia, embarazo inesperado, desempleo, mudanza) afrontadlo con apoyo mutuo. Para ello:
- Comunicaos cuanto sea necesario, de mutuo acuerdo.
- Hablad del problema de la manera más objetiva posible.
- Reflexionad sobre cómo el cambio puede afectar la relación.
- Demostrad con empatia cuanto os importa lo que le está pasando al otro.
- Prometed sólo aquello que podáis cumplir. "Yo me encargo de todo" es una promesa que rara vez podemos llevar a cabo.
- No asumáis la responsabilidad de los sentimientos del otro. Es una trampa común en parejas enamoradas creer que la infelicidad de otro es un reflejo de su fracaso como parte de la pareja.
- Revisad vuestros puntos en común. Debéis estar dispuestos a preguntaros si todavía tenéis objetivos similares y conocéis las necesidades de vuestra pareja ante la nueva situación.
Aclarad juntos vuestras necesidades y temores. Hablad de los temas que verdaderamente importan: ¿Qué es lo que realmente necesitas de tu pareja? ¿Qué necesitas que él o ella te diga? ¿Qué te haría sentir seguro y amado? ¿Qué te emocionaría que tu pareja hiciera? ¿Cómo desearías que fuera el sexo? Si vuestras discusiones no pretenden responder a ninguna de estas preguntas, entonces son discusiones vanas.
Sumad lo positivo y construid intimidad. Pedid aquello que necesitéis sin esperar que vuestra pareja lo adivine. Dejad de programaros para decir "no" y estar a la defensiva. No compliquéis las cosas; antes de llegar a un malentendido, preguntad, conversad. Afinad vuestra intimidad en pareja: hablad de cuánto tiempo deberíais dedicaros exclusivamente, cómo deberíais controlar la rabia o la decepción, cómo desearíais ser mimados y acariciados... Llegad a acuerdos que podáis cumplir y no os preocupéis por las recaídas; ir dos pasos hacia delante y uno hacia atrás es de lo más normal.
Haced el amor con amor. Hay algunas cuestiones importantes a tener en cuenta:
- El sexo es el más complicado de los esfuerzos interpersonales; combina actividades cerebrales tanto primarias como avanzadas.
- El sexo "normal" no existe. Nadie puede decirle a nadie cómo o con qué frecuencia debe tener relaciones sexuales.
- La sexualidad apasionada es posible con un compañero confiable, en un ambiente sano, seguro y amoroso.
- Aunque la intimidad y el sexo sean temas que generan ansiedad, no os neguéis a hablar. Procurad abriros poco a poco, hasta llegar a una verdadera intimidad en un entorno de plena confianza.
¿Cuál es tu modus operandi?
El reflejo pelear-o-huir consiste en que, en situación de amenaza, cualquiera tiene dos respuestas básicas: atacar con intención de neutralizar al otro o escapar-esperar a que el peligro pase. ¿Cuál utilizas tú con más frecuencia?
PONER PIES EN POLVOROSA
Aparentas no escuchar los comentarios negativos de tu pareja.
Te evaporas siempre que hueles un conflicto.
Evitas mencionar tus preocupaciones para no escuchar el "ya empezamos de nuevo".
Terminas cualquier discusión que se vuelve incómoda saliendo de la habitación o diciendo: "Me niego a hablar de eso otra vez más".
Pides a tu pareja que se vaya.
Olvidas cosas más o menos conscientemente.
Te quedas callado.
DEJAR K. O. AL ADVERSARIO
Pones apodos despectivos a tu pareja y haces comentarios irónicos y ofensivos.
Gritas o te mueves de manera amenazante e intimidatoria.
Mencionas comportamientos anteriores como una manera de hacer valer tu punto de vista.
Abusas físicamente de tu pareja, usando desde empujones hasta violencia más grave.
Necesitas "ganar" a toda costa en la discusión.
Insultas o culpas a la familia de tu pareja de alguno de vuestros problemas.
Mientes, manipulas o dices verdades a medias.
Recuerdas el pasado o mencionas viejos incidentes para demostrar que tienes razón.
Discutes sobre detalles insignificantes para molestar, casa u otros similares.
Te sientes superior a tu pareja y presumes incluso de tus propias capacidades, méritos o experiencia en cualquier faceta.
Acosas a tu pareja de forma intimidante.
Amenazas con irte, divorciarte, lastimar o destrozar.
Dominados por el estado reptil, usamos muchas tácticas de juego sucio para ganar o escapar.
Piensa en tus últimas discusiones y fíjate en las acciones injustas, manipuladoras o destructivas que utilizaste. Quizás te parecieron una buena estrategia en el momento en que las usaste, pero ¿todavía piensas así? ¿Alguna de ellas te ha ayudado a hacerte entender o a acercarte a tu pareja.