Sale el astro que protege a los amantes
En los Veda, cuyos libros dedicados al origen del universo fueron fundamentales en la religión hindú primitiva, no hay huellas de un culto específico a la luna, y sin embargo en toda la obra literaria se encuentran los cantos que se le dedican:
El señor Krishna, en su primera juventud, era azul noche
como las nubes que llevan la vida.
Su rostro tenía el esplendor de la luna llena en otoño.
(Bráhma Vaivarta Purána)
Los textos sagrados, poemas, epopeyas y canciones evocan a la luna como protectora de los amantes, como el astro de plata que ilumina las noches tropicales y los estanques donde florece la flor de loto.
Pero el dios-luna no tenía nombre propio. En sánscrito se llamaba Chandra, el mismo nombre que se daba a la luna, o también Soma, que significa ambrosía (la planta que alimentaba a los dioses). Era un dios macho, con una rica mitología que precisaba con detalle su nacimiento y su ciclo.
He aquí el fantástico y bellísimo relato que describe las fases lunares en los Veda: "El dios-luna tenía 27 mujeres, (...) todas muy bellas y sumisas, pero entre ellas había una conocida por su inteligencia que se llamaba Rohini y era la favorita. Rohini le había sojuzgado de tal forma, que el dios-luna ya no quería visitar a las demás. Las hermanas de Rohini, que no podían soportar el ultraje, informaron a su padre, Daksha, de la desgracia que las acaecía. Daksha montó en cólera y maldijo al dios-luna con la fórmula apropiada. Entonces, el dios-luna empezó a menguar, y cuando se vio reducido a la mitad de sí mismo pidió protección a Shiva. Shiva, conmovido por el dolor del dios-luna, que imploraba a sus pies, le consoló, y con gran magnanimidad le ofreció refugio sobre su cabeza. Allí, el dios-luna recuperó su antiguo aspecto, y se instaló en la frente de Shiva. Por esta razón a Shiva le llaman 'El que tiene a la luna por diadema'" (Bráhma Vaivarta Purána). Después, como las esposas se quejaban de haberse quedado sin su esposo, Krishna ordenó que todos los meses, durante quince días, el dios-luna sufriera la maldición de Daksha, mientras que los otros quince, rescatado por la bendición de Shiva, recuperaría su plenitud.
En esta leyenda hay evidentes referencias astronómicas, y en los Veda la regulación del ritual religioso se basa en las fases de la luna. En efecto, la liturgia hindú es estrictamente lunar. Todavía hoy, el calendario hindú sólo tiene en cuenta oficialmente las fechas solares (equinoccios y solsticios), mientras que el comienzo del año nuevo es una festividad móvil, porque se establece según el mes lunar.
La ausencia de la luna en el cielo se consideraba funesta: "Durante el día el sol protege a sus criaturas, y durante la noche la luna. Por eso, en las noches de luna nueva habrá que protegerse manteniéndose en la pureza y en la continencia, y cumpliendo todos los ritos según las estaciones" (Apasthambha Dharma Shastra).
Castidad para los seres humanos, mientras Soma, el dios-luna de la fecundidad, bajaba del cielo las noches de luna nueva para fecundar las aguas y las plantas, depositando en ellas su semilla, una semilla de renacimiento, y por tanto de inmortalidad: "Soma, aliento de los dioses, no es otro que la luna. Cuando no se le puede ver en el cielo, ni al este ni al oeste, él está en tierra y está entrando en las aguas y en las plantas." Soma también se casa con la hija de Savitar (el dios solar que a menudo aparece como femenino), y era el primer marido de toda mujer que fuera a casarse.

Shiva con su esposa Parvati