Luna para todos
La luna, un astro bastante más vistoso para nosotros que cualquier estrella y que el mismo sol, cruel Apolo que cuando asaetea el cielo hiere los ojos y no es nada propicio para los coloquios íntimos, se ha incorporado a los refranes y a las fábulas, a los trabalenguas y al decir corriente de todos los pueblos, en cualquier latitud. Mi abuela decía: "Luna de enero, y el amor primero", y todo el mundo sabe que "luna en creciente, cuernos al Oriente; luna en menguante, cuernos adelante". Si te has quedado a la luna de Valencia, es que te has llevado un buen chasco; si eres distraído y un poco ingenuo, estás en la luna; si despotricas contra alguien que a lo mejor ni se va a enterar, estás ladrando a la luna, y si no te contentas fácilmente y nunca estás satisfecho, tal vez quieras la luna..., es decir, lo imposible.
Luego, además de estas lunas que siguen dando colorido a nuestro lenguaje lo mismo que antes de haber puesto el pie sobre ellas, hay otro tipo de luna que se menciona tomando esa fatídica hazaña como referencia, para proclamar la superioridad de la civilización moderna y negarla a continuación: "Hemos llegado a la luna, pero aún no hemos encontrado algo que cure de verdad el constipado", o: "¡Qué mundo éste! Mucho ir a la luna, pero ¿no hubiera sido mejor tratar de mejorar las cosas en la tierra?" Desde 1969 usamos un nuevo verbo, "alunizar", aunque la verdad es que no hemos tenido muchas ocasiones de pronunciarlo.