Luna en Piscis
Vibrátil como una caña al viento, la luna, cuando se encuentra en Piscis, tercer signo del agua y último del zodiaco, desarrolla toda la intensidad de su enorme potencial. El campo de lo sensible tiende a dominar lo racional; se ve la realidad con el ojo de la imaginación, los deseos se confunden con los sueños y la emotividad es tan intensa que puede llegar a originar intuiciones paranormales.
Esta acumulación de valores perceptivos puede conducir, sin embargo, a un desequilibrio, a una escasa concreción, a la constante necesidad de metamorfosis. Neptuno, que rige el signo, le añade a esta luna facetas de inestabilidad; quien la tenga en su mapa caerá con frecuencia en la inconstancia y la excesiva dramatización de su entorno.
Es positiva para los nacidos en Tauro y en Capricornio, dado que neutraliza su tendencia al estatismo, y un poco menos para los nacidos en Virgo —signo que, al ser opuesto en ciento ochenta grados a Piscis, recibe la intensidad emotiva como inestabilidad—; en cuanto a los nacidos en Aries, puede estimular su sensibilidad, un poco vulgar a veces.
En la relación interpersonal, esta luna induce a la pasión, una pasión diferente, sin embargo, de la de tonos cálidos de los Leo. La idealización del compañero puede llegar aquí a cotas insospechadas, y la autoexaltación de los propios sentimientos tiende a excluir los ajenos de cualquier tipo de consideración.
Hacer que cambien de opinión las personas que tengan la luna en Piscis puede convenirse en una empresa difícil, si no desesperada, por lo que será mejor evitar la elección de compañeros que a veces puedan resultar entremetidos en exceso. Si por el contrario los estímulos propuestos por esta luna emprenden el camino de la sublimación, quizá entonces la insaciable sed de sensaciones se transforme en un auténtico y entregado amor.

Signo Piscis