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Los poderes de la Luna

Desde los tiempos más remotos, se le ha atribuido a la luna una especial influencia sobre el cuerpo humano, las plantas y los animales quizá debido a que la ciencia en la Antigüedad estaba estrechamente relacionada con la magia, como dice claramente Plinio en su Historia naturalis (libro XXX, cap. I): "Nadie duda que la magia ha nacido de la medicina".

En las sociedades primitivas el mago era, ante todo, médico; su principal función era la de curar las enfermedades cuya causa parecía sobrenatural, o sea, aquellas enfermedades cuya causa era desconocida, cuyos efectos se hacían sentir sin que el cuerpo presentara huellas de lesiones aparentes. Por lo tanto, se consideraba que el que las ocasionaba era un espíritu. Dentro de este clima cultural se ha ido asentando poco a poco una amplia serie de creencias que enlazan la luna con la salud y la enfermedad.

Son numerosos los textos del pasado que tratan de los diagnóstico y las terapias en relación con la luna. El más famoso, atribuido a Ermete Trismegisto, enuncia la teoría de los climaterios (que contempla la relación entre la posición de los cuerpos celestes y la práctica médica), confirmando el uso de la interpretación astrológica para determinar los momentos resolutorios y los críticos del curso de la enfermedad.

Según Galeno, el más famoso médico de la Antigüedad después de Hipócrates, los momentos críticos guardaban una estrecha correspondencia con las fases lunares y coincidían con el séptimo, decimocuarto y vigésimo primer día, que eran los del primer cuarto, la luna llena y la luna menguante.

Según la tradición griega, si uno enfermaba cuando la luna estaba en el signo de Aries, el peligro de complicaciones era menor. De este modo, si la luna se encontraba en conjunción con Júpiter, Venus y Mercurio, el curso de la enfermedad se abrevia, mientras que si nuestro satélite estaba en conjunción con Marte y Saturno, el enfermo empeoraba.

Las operaciones quirúrgicas se debían evitar cuando la luna se movía por los signos de la tierra (Tauro, Virgo y Capricornio), y por el contrario, efectuarse después del último cuarto, en conjunción con Venus y Júpiter.

Galeno

Galeno en una litografía de Pierre Roche Vigneron