La tipología lunar
Además de la tipología solar, que como hemos visto corresponde al tránsito del sol por el espacio, hay otra tipología lunar. Esta última no sólo se basa en el paso de la luna por los signos (ciclo lunar), sino también en sus fases (ciclo solilunar). El ciclo lunar es el que corresponde a la revolución zodiacal del satélite, y en términos técnicos se llama sideral. Abarca desde el paso de la luna por un signo hasta su vuelta al mismo signo, y dura algo más de 27 días.
El ciclo solilunar se ajusta con el período sinódico. Abarca desde una luna nueva hasta la siguiente, y dura un promedio de 29 días, 12 horas y 44 minutos.
Para definir el significado de la luna en el mapa de nacimiento, hay que tener en cuenta ambos ciclos, comprobando en qué signo se encuentra y cuál es su ángulo con el sol, es decir, su fase. Por ejemplo, la luna en Aries (posición zodiacal) puede ser nueva, creciente, llena o menguante. Lo mismo ocurre en su paso por los otros signos.
La tipología solilunar, ampliada a los doce signos, comprende 144 combinaciones (12 por 12).
La luna rige el signo de Cáncer. Esto significa que, según la tradición astrológica, nuestro satélite tiene una afinidad máxima con el signo.
La relación entre la luna y Cáncer se pierde en la noche de los tiempos: en Babilonia, Isthar era la diosa de la fertilidad y reinaba en la tierra, mientras que su hijo Tammuz era el símbolo de las mieses y las cosechas. Cuenta la leyenda que Tammuz, llegado a la edad adulta, poseía a su madre, que se entregaba a él, pero en el solsticio de verano (comienzo del signo de Cáncer) le precipitaba a los infiernos. Luego, arrepentida, ella también bajaba al reino de las sombras para liberarlo. Durante este viaje, la tierra se quedaba sin su influencia benéfica y se tornaba árida; los hombres y los animales se volvían estériles, y sólo con su vuelta podían renacer el amor y la fertilidad.
En esta figuración mítica hay una doble alegoría: el descenso de Isthar a los infiernos corresponde a la luna nueva, cuando la oscuridad de la noche no es iluminada por la luz tranquilizadora del astro, mientras que la luna llena sería la vuelta de la diosa a la tierra.
En cambio, la unión entre la madre y el hijo significa la vuelta de la parte al todo, la necesidad que tiene la tierra de que la fecunden cada cierto tiempo para dar sus frutos. En el mito aparece el arquetipo femenino en toda su grandeza: la mujer es la matriz y la artífice de la supervivencia, la que, dando la vida, derrota a la muerte. Por extensión, en la Antigüedad se consideró a Cáncer una de las puertas del zodiaco, pues en él tenía su domicilio la luna-Isthar.
La analogía entre la luna y Cáncer también se basa en el elemento agua, que es común tanto al signo como al astro; la luna encuentra en el agua la superficie más apropiada para resaltar la claridad de sus rayos, y las civilizaciones más variadas la han asociado simbólicamente a los líquidos, a la humedad, al brillo. Por su parte, Cáncer está relacionado con el mito de Narciso, el bellísimo jovencito que rechazó el amor de las ninfas y fue condenado por los dioses a muerte, debido al excesivo amor que sentía hacia sí mismo: reflejándose en el estanque, se enamora de su propia imagen y perece tragado por las aguas.

Virgil Solis, "Los siete planetas: la luna"; lámina alemana del siglo XVI