Tarot 806--------|Horoscopo 2010

La necesidad de creer en ella

Por el momento, al menos, parece que el peligro está conjurado. Podemos seguir mirando a la luna con la misma emoción, contemplar su rostro enigmático con cierta congoja, utilizar su eterno reclamo para hacer publicidad de chocolatinas o novelas rosa, canturrear sus virtudes y propiedades, aprovechar su poder de seducción en las noches de luna llena... También podemos sacar a colación las viejas influencias lunares, tratando de creer en ellas; nadie tiene que sonreír con ironía, al contrario. Si somos aficionados a la herboristería, ciertamente sabremos que el toronjil hay que cogerlo con luna nueva, porque en caso contrario ya no tiene las mismas propiedades. Si nuestro ánimo sufre bruscos cambios, seguramente alguna amiga que lo sepa todo en materia de astrología nos pueda dar una cumplida explicación: "¡Claro, eres Cáncer! ¿No sabes que tu signo está dominado por la luna?" Si queremos cambiar de peinado y para ello tenemos que sacrificar nuestra cabellera, es probable que nos decidamos a cortarla durante el cuarto menguante, porque es sabido que así el pelo crecerá más deprisa y se podrá remediar un corte demasiado enérgico. Si vivimos en el campo nos daremos cuenta de que nadie ha dudado nunca de los poderes de la luna, y sobre todo de su influencia sobre las faenas agrícolas, que es necesario realizar de acuerdo con las fases: la siembra, los injertos y las plantaciones se hacen con luna nueva, y la poda y la recolección durante el cuarto menguante.
Entre tanto, recientes estudios han venido a dar la razón a las viejas creencias que relacionan las fases lunares con la concepción, el sexo del futuro hijo y las hemorragias posparto, así como con los ataques epilépticos y ciertos casos de paroxismo emocional. En una palabra, parece que precisamente cuando se va debilitando el recuerdo del primer alunizaje y las nuevas etapas de la "conquista" del espacio se están convirtiendo en una especie de rutina, la luna vuelve a hechizarnos con su magia, con su profundo misterio, que ha permanecido intacto, a pesar de todo. Está claro que necesitamos a la luna. Queremos descubrirla, pero manteniéndonos a distancia, tal vez no descubrirla demasiado...
Sí; descubrir la luna con los pies bien plantados en la tierra y la mirada alta, buscar el mito oculto en el terror ancestral de los pueblos primitivos y en las leyendas que fueron entretejiendo, en su constante caminar, nuestros antiguos predecesores; indagar acerca de sus movimientos, repasar sus fases, arrojar luz sobre su significado simbólico y estudiar sus influencias astrológicas... Y también encontrarnos de nuevo con su cara más conocida, la que parece salida de un cromo, precisamente la más "humana" y popular. Descubrir la luna de los poetas, de los escritores y de los músicos, la que es testimonio de nuestro vivir, medida de nuestro ser, indicio y símbolo de otros posibles mundos, pero al mismo tiempo cercana, casi doméstica, a nuestro alcance, propicia al diálogo, capaz de responder a casi todas nuestras preguntas.

La necesidad de creer en ella