La luna y la femineidad
El efecto de la luna sobre los líquidos, y por lo tanto sobre los "humores", se ha extendido, naturalmente, a la fisiología femenina. En la antigua Roma, como ya hemos contado, la diosa Diana Aricina regía los embarazos y los partos, y aún hoy la menstruación y el momento del nacimiento están relacionados con la luna. Según la tradición popular, la luna desempeña una función de "comadrona", y la época más adecuada para el parto son los tres días que preceden y los que siguen a la fase de luna nueva.
En 1871, Darwin escribía: "Dado que el ser humano desciende de los peces, el ciclo menstrual de veintiocho días podría ser el residuo de un pasado en el que la vida dependía de las mareas, y por tanto de la luna."
Recientemente se han realizado numerosas investigaciones para comprobar si el ciclo femenino se halla, en realidad, en conexión con el lunar, pero por desgracia los resultados de estas investigaciones son contradictorios. Efectivamente, junto a las afirmaciones de algunos científicos, que tienden a negar la interdependencia de los dos ciclos, están las de otros que, por el contrario, la afirman.
Según Jonas, un médico checoslovaco, existe un período del mes en que la mujer concibe con mayor facilidad, y tal período se presenta cuando la luna se encuentra en el firmamento en la misma posición en que se hallaba cuando se produjo el nacimiento de esta mujer. Por tanto, la fertilidad sería mayor en el momento en que, además de producirse la ovulación, se tiene el cumpleaños lunar. Ambos hechos pueden no coincidir, y esto explicaría por qué se puede concebir en días distintos a los que corresponde dentro del ciclo menstrual.
