Tarot 806--------|Horoscopo 2010

La esposa del sol

En la mitología china, la luna parece tener una importancia secundaria. En efecto, no se la tiene en cuenta en sí misma, sino en su relación con el sol. En los antiguos textos chinos encontramos doce soles y diez lunas. Según la leyenda, la madre de los soles era la diosa Hi-Ho, mientras que la de las lunas se llamaba Tch'ang-yi. Ambas eran esposas del mítico emperador Ti-sium, de modo que los soles y las lunas tenían el mismo padre. En cuanto al número de soles y lunas, los estudiosos, aunque no pueden explicar su origen, suponen que eran imágenes metafóricas del calendario. El calendario chino se divide en diez "troncos", que según se cree correspondían a los diez días de la década, y en doce "ramas", que representaban los doce meses. Pero el aspecto más significativo de la luna en esta antigua civilización oriental es que se le atribuían valores y símbolos femeninos. En efecto, el sol estaba incluido en la gran categoría delyang (Iuminoso7seco, cálido, masculino) y la luna en la del ying (nocturno, húmedo, frío, femenino). La luna era la diosa de las aguas, y se creía que el rocío —ese agua purísima a la que los taoístas dieron un importante significado— procedía directamente del astro nocturno. La luna llena representaba la unión entre el ying y el yang. En efecto, en los rituales de la corte se decía que el emperador debía unirse a su esposa el quince del mes, cuando el astro resplandecía en toda su plenitud: "El hijo del cielo está con la reina como el sol con la luna. El yang y el ying se reciben mutuamente, se cumplen" (Li-Ki Houen, 9).

El espejo de los enamorados

La luna, además, se comparaba con un espejo, y el espejo, al parecerse a la luna llena, evocaba la unión sexual. En cambio, cuando el espejo se rompía significaba la separación de los amantes. En este sentido, existía una costumbre que ayudaba a los enamorados cuando se tenían que separar por un período largo; es ésta: antes de la separación rompían un espejo en el que había un pájaro pintado, y cada uno se quedaba con una parte. En caso de infidelidad, el pájaro volaría a avisar al otro; el espejo, pues, aparece aquí como espía, como protector del amor.
Por último, la luna era una especie de paraíso taoísta donde podían ir los Inmortales cuando lo desearan, para gozar de extraordinarias delicias y realizar fascinantes sortilegios. He aquí el célebre paseo lunar del emperador Huantsong, tal como la cuenta Lieu Tsong-Yuang (773-819 a. de C.).

Un viaje a la luna del Emperador Celeste

"...En el sexto año del período K'ai-Yuam, la noche de luna llena del octavo mes, el Emperador, en compañía del Maestro Celeste y del Maestro del Tao Hong Tou-K'O, paseaba por la luna. Una vez atravesada una gran puerta, deambulaban en medio de la luz de jade. Hacía frío, y el rocío mojaba sus vestidos. Al cabo de un rato vieron un palacio que tenía una inscripción que decía: Talado del Frío Inmenso y del Vacío Absoluto', custodiado por unos guardianes que parecían muy severos. Sus espadas desenvainadas resplandecían como la nieve. Los tres hombres hubieron de detenerse, hasta que el Maestro Celeste les obligó a entrar. Entonces se vieron rodeados por una ligera niebla, y sobrevolando las altas murallas divisaron vastas extensiones cubiertas de piedras preciosas. Inmortales y taoístas, montados en nubes y cisnes, aparecían y desaparecían en medio del paisaje. De pronto vieron un resplandor gélido, y un frío cada vez más intenso les impidió continuar. En ese momento vieron aparecer diez muchachas vestidas de blanco, a lomos de blancas aves fénix, y hasta sus oídos llegó una música ensordecedora y al mismo tiempo bellísima. El Emperador la escuchó con atención y decidió recordarla, y luego el Maestro Celeste quiso volver, y junto con sus acompañantes bajó a la tierra en las alas del viento. (...) Acordándose de las muchachas y de sus blancas vestiduras agitadas por el viento, el Emperador compuso la danza Vestidos de pluma y de arco iris. Desde la Antigüedad hasta hoy no se ha escuchado una música más dulce." En cambio, los comunes mortales se tenían que contentar con mirar al astro de plata. Y lo hacían, preferentemente, el decimoquinto día del octavo mes. Se ignora cuáles serían las razones por las que se eligió esa fecha; de todos modos, suponemos que la hermosura y el brillo de la luna de otoño, y el hecho de que tal estación correspondiera a un período ying, tenían algo que ver con ello. En el relato de Tsong-Yuang se puede leer que esa noche, entre las once y la una de la madrugada, las preciosas salas del Palacio de la Luna se abrían, y el emperador iba a visitar al Emperador de Jade, dios supremo en el panteón de la religión popular. Otro emperador, Wou-ti, de la estirpe Han (140-86 a. de C.), que sin duda estaba fascinado por el astro, hizo construir en su parque una torre y un lago de mil pies de profundidad para contemplar la luna. En cuanto al culto que se la debía dedicar, encontramos una mención en el texto sagrado Li-Ki: "Al sol se le hacen sacrificios en los altares. A la luna, en los fosos. Esto para distinguir lo oscuro de lo claro, para regular lo alto y lo bajo. Al sol se le hacen sacrificios al este, y a la luna al oeste."

Shiva con su esposa Parvati

El cosmos chino; en el centro, el símbolo delyang-ying.