Tarot 806--------|Horoscopo 2010

Cuando en un vaporoso cielo de agosto se levanta, oronda y soberbia, con un cortejo de estrellas dominando la escena nocturna, o cuando con sus helados dedos de luz corona las montañas que se recortan sobre el negro purísimo de la noche invernal, uno se pregunta si será cieno que un hombre ha pisado su diáfano disco de plata, si no ha sido todo un montaje, un formidable truco publicitario. En cualquier caso, aunque haya habido "conquista", no ha sido capaz de quitarle fascinación y misterio al mítico astro de la noche, a la luminaria del caminante y del pastor errante, a la muda cómplice de los enamorados, que sigue saliendo y poniéndose con pausado movimiento y puntual indiferencia. Siempre hemos tratado de "descubrir" la luna. Su presencia provocativa en el cielo del conocimiento ha estimulado las investigaciones y estudios de los científicos, la imaginación de los escritores, la fantasía y emoción de los poetas. Alunizando una noche de julio del siglo XX en su árido e inhóspito suelo hemos vencido el desafío, pero esa empresa temeraria, esa meta anhelada no ha modificado la relación hombre-luna.
"...entre nosotros había un vínculo"
Podemos decirlo con serenidad, porque han pasado bastantes lunas desde ese 20 de julio de 1969. La verdad es que, de momento, se temió que el alcance científico y tecnológico de esa hazaña extraordinaria, que abría un nuevo capítulo en la historia, pudiera depararnos nuevas emociones, pero también destruir lo que es, sin duda, uno de los grandes mitos de la humanidad.
No pocas personas expresaron este temor, tanto voces destacadas como gente corriente. "Cuando la conocí, pensaba en la luna como en algo personal..., estaba en el cielo, era un objeto que de alguna forma me pertenecía. Era mi satélite... Para mí representaba todo lo que es secreto, en contraste con lo público, lo evidente, que es el sol... La quería mucho, era poética, pura poesía. Entre nosotros había un vínculo, un destino común. Estaba allí, como un ojo y como un oído, me decía cosas..." Esto dijo de la luna Jean Paul Sartre. Simone de Beauvoir es la que nos ha hecho llegar esta confesión, que continúa así: "La luna ha sido lo que acabo de decir hasta que han empezado a ir hasta allí. El hecho de que hayan ido me ha interesado mucho, pero ha transformado la luna en un objeto científico, haciendo que perdiera ese carácter mítico que tenía hasta ahora."
Todos hemos tenido una sensación parecida, y esa tercera persona del plural que utiliza Sartre expresa con claridad cómo la gente se ha sentido un poco ajena a toda ese historia, como si aquellos hombres con trajes espaciales violasen un terreno prohibido, destruyesen un sueño, una ilusión o una utopía.