El gran corredor blanco
En la antigua Mesopotamia ("la tierra entre los dos ríos"), dos mil años antes de Cristo, un príncipe sumerio escribió refiriéndose al dios de la luna: "El dios Sin, cuyo nombre nadie sabe explicar." Si nos remontamos aún más en el tiempo, y sin dejar Mesopotamia, nos encontramos con que en el año 2600 a. de C. el sol y la luna se representaban con los mismos signos, y sólo bastantes centurias más tarde la luna tuvo un ideograma autónomo, "astro 30". El número 30 se refería al ritmo temporal del astro (redondeado por exceso), mientras que el ideograma se usaba tanto para el dios-luna como para la luna en sí.
El dios-luna mesopotámico recibió tres nombres: Nanna, Sin y Ashimbar, este último conocido vulgarmente como "la Barca". De los tres es sin duda Ashimbar el que tiene un significado más claro, ya que está formado por estos tres ideogramas : único, correr y blanco, y designa a la luna, con resumida elegancia, como "el gran corredor blanco". Nanna deriva de Na-an-na, y significa hombre del cielo, mientras que Sin (escrito Zu-en) es, probablemente, una divinidad presu-meria, también masculina (señor de la vida).
El dios-sol (Shamash) era hijo del dios-luna, y como tal permaneció también en Babilonia. Allí el dios-luna, a su vez, era hijo de Enlil y de la diosa Ninlil. En una tablilla cuneiforme acadio-sumeria se describe así la creación de los dos astros: "En principio, Anón, Enlil y Ea hicieron el reparto para los dos dioses, los vigilantes del cielo y de la tierra que abren las puertas de Amón: para Sin y Shamash se hicieron dos partes iguales, la noche y el día. Desde la tierra hasta lo más alto del cielo dan a conocer la medida del tiempo."

Bóveda celeste trece siglos antes de Cristo, en un relieve babilónico.