Tarot 806--------|Horoscopo 2010

Bajo cielos lejanos

La presencia de la luna se ha dejado sentir fuertemente entre todos los pueblos, y en especial entre los llamados primitivos. Su origen, su sexo y su influencia suscitaban, y siguen suscitando, toda clase de preguntas, que han dado origen a mitos y leyendas a menudo extravagantes y a veces macabros. Los bantúes cuentan que el sol y la luna dudaban de su sexo y le pidieron a un dios, arbitro neutral, que solucionara el dilema. El dios sentenció que el sol era hembra y la luna macho. El sol, enfurecido por este atentado contra sus convicciones viriles, le tiró a la luna un puñado de tierra a la cara. Este sería el origen de las manchas lunares, además de reflejar el arraigado antifeminismo de este pueblo africano... Los bosqui-manos explican las fases lunares con una leyenda más bien macabra. Imaginan que todas las mañanas el sol, al levantarse, corta con un largo cuchillo una tajada de luna, todas las mañanas durante veintinueve días..., hasta que sólo queda el finísimo espinazo de su pobre compañera, el cual se regenera con entereza, rehaciendo el cuerpo de la luna. Así le ofrece de nuevo al sol la oportunidad de repetir su juego sanguinario. Para los pueblos australianos, la luna es la creadora de la mujer, que la hizo nacer dando un corte a un gavilán dormido, que naturalmente murió. Cuando la mujer fue parida, los amigos del gavilán atacaron a la luna, hiriéndola de muerte..., pero no sirvió de mucho, porque la gran creadora reapareció, y desde entonces sigue muriendo y renaciendo. Al otro lado del océano imperaba el sol: pueblos del sol, hijos del sol... Parece que los incas y los aztecas no tenían un concepto muy elevado del papel de la luna, aunque, como es natural, no podían dejar de ocuparse de este vistoso objeto celeste.
Para los incas de Perú, la luna era la hermana-mujer del sol, y por tanto la madre de la estirpe divina de los incas reales. Tenía una capilla en el templo del sol, y la representaban como un gran disco de plata, grabado y decorado. Para los aztecas de México, la luna, llamada Teteoinnan, era al mismo tiempo diosa de la tierra y de la luna. En la fase creciente y de luna llena era la diosa de los nacimientos, mientras que en la fase menguante y de luna nueva se convenía en la terrible Coatlicué, diosa de la noche y de la muerte. El animal totémico de Teteoinnan era el conejo, y el de Coatlicué el sapo.
Para los mayas del Yucatán el sol no era el primer dios, ya que sobre él estaba Itzamná, el dios del cielo; luego estaban el sol, Kinich Ahau, y la luna, Ixhel. Ésta era fecunda y benefac-tora en el creciente, y mortal y maléfica en el menguante, lo mismo que para los aztecas.
Al igual que todos los pueblos cuya existencia estaba unida al ciclo agrícola (entre los que se encontraban los chinos, que fueron los primeros en calculanel año de 365 días), los aztecas y los mayas también medían el año basándose en el movimiento de la luna, y determinaron con notable exactitud la duración del año y el mes. El calendario azteca era un círculo rodeado por una serpiente que se mordía la cola. En él aparecían los signos y los símbolos del año, se numeraban los días de 13 en 13, y cada uno de ellos derivaba del zodiaco lunar. Por eso, a veces, damos al calendario el nombre de lunario.

calendario azteca

La nocturna y nefasta Hécate triforme.