Tarot 806--------|Horoscopo 2010

 

Perseo y Andrómeda

 

Las Grayas, ante la seguridad de Perseo, deciden ayudarle. Conocen la maldad de las Gorgonas y no les tienen ninguna estima. Le dicen el sitio en donde las encontrará y le aconsejan que antes de acercarse a ellas visite a las ninfas del río.
—Son todas jóvenes y bellas, pero no dejan que los hombres las vean jamás. A ti, si les dices quién eres y que te mandamos nosotras, te dejarán acercar y te ayudarán. Ellas tienen lo que te hace falta para salir victorioso de tu empresa.
Perseo llega a la orilla del río donde viven las ninfas y grita:
—¡ Soy Perseo, hijo de un dios !
También las ninfas conocen la historia, ya legendaria entonces, del nacimiento del héroe, y acuden en tropel a la orilla para verle. Y 110 sólo esto, sino que consienten en que él las vea y las admire, acaso con la secreta esperanza de que las ame. Pero el destino del corazón de Perseo es otro. Él les expone su propósito y ellas, que han sido siempre enemigas de las Gorgonas, dan a Perseo todo lo que le hace falta para vencer: unas sandalias mágicas con las que puede volar y trasladarse rápidamente a las más largas distancias, un zurrón y un casco mágico que hace invisible al que lo lleva puesto.
—Con esto podrás acercarte a ellas sin que te vean. Pero ¿cómo matarás a Medusa?
Perseo ha salido de su país sin armas. Entonces los héroes solían encontrar las armas como resultado o trofeo de sus primeras aventuras. Las ninfas invocan a Hermes, le exponen el caso y el dios travieso les da para Perseo, hijo de Zeus, una hoz que jamás falla el golpe. Se ve en seguida que Perseo es un elegido de los dioses, pues ya en la primera aventura que emprende todo se lo facilitan mucho. Con sandalias aladas, con un casco que le hará invisible y con una hoz que no falla, ¿cómo puede no salir victorioso?
Y emprende el vuelo hacia un lugar del océano donde viven las tres Gorgonas, que son tres monstruos cuyos cabellos son serpientes y cuyos ojos tienen el don de convertir en piedra a cualquier ser vivo que miren. Perseo descubre en seguida el sitio, pues está todo rodeado de islotes de roca que son los seres humanos petrificados por ellas. La leyenda no sitúa este lugar maldito, acaso porque de los que se acercaron allí sólo Perseo volvió con vida.
Perseo encuentra a las Gorgonas dormidas. Ve que tienen colmillos largos y agudos como los jabalíes, manos como garfios de hierro y alas de oro. Se acerca más y reconoce a Medusa, porque es más vieja que las otras dos, las que, por su condición de inmortales, no envejecen. Perseo saca la hoz, corta el cuello de Medusa y guarda la cabeza en el zurrón.
En este punto aparecen tres versiones distintas de la leyenda. Según una Perseo lleva puesto el casco de las ninfas cuando mata a Medusa, y las otras Gorgonas, al despertarse, no le pueden ver. Según otra es más valiente y no lleva el casco, pero sí las sandalias aladas y, en cuanto las Gorgonas se despiertan, huye espacio a través en un vuelo misterioso y mágico. Y, según la tercera versión, la más bella, de la sangre que brota del cuerpo de Medusa nace un caballo alado, Pegaso, y Perseo se pone el casco que le hace invisible y monta el caballo. Así cuando las Gorgonas despiertan sólo ven el caballo alado que se remonta en el espacio, sin ver a Perseo, de quien no pueden ni sospechar la existencia.
En este largo vuelo montado en el caballo alado, a Perseo le ocurren algunas aventuras. De la cabeza de Medusa gotean víboras sobre la tierra. Perseo vuela por encima de los desiertos de Libia y de Egipto, que desde entonces están llenos de víboras, las más venenosas, por su origen monstruoso.
Perseo llega a un reino caliente de sol cuyo rey, Atlas, se niega a darle hospedaje. La única riqueza de Atlas es un jardín cuyos árboles dan frutos de oro. Y el rey teme que le roben el oro y no admite jamás a ningún forastero en su palacio. Vive allí solo, sin más placer que la contemplación del oro que cuelga de los árboles de su jardín. Perseo se indigna, pues es la primera vez que le rechazan y porque entonces todos los héroes aventureros tenían un derecho tradicional a ser hospedados por los reyes. Y grita:
—Pues yo soy más generoso. ¡ Toma !
Saca la cabeza de Medusa y hace como si se le diera a Atlas. El rey, que nada sospecha, mira el rostro espantoso de Medusa y en cuanto sus ojos se encuentran con los de la Gorgona muerta queda convertido en una gran montaña de piedra que todavía sigue en el mismo sitio y con el mismo nombre. Desde lejos se ve la cumbre del Atlas, a veces escondida entre las nubes, y allí se adivina la forma de la cabeza del antiguo rey víctima de su falta de hospitalidad.
Perseo sigue su largo viaje de aventuras a través de todo el mundo conocido. Siempre con la suerte de cara, sale vencedor de todos sus enemigos. Y entretanto pasan los años, y el héroe, que ya no es tan joven, empieza a pensar en la belleza del amor que todavía no ha conocido. Y así, con este maravilloso presentimiento en el corazón y montado en Pegaso, el caballo con alas, llega a tierras de Etiopía.
En Etiopía, antes de la llegada de Perseo, han ocurrido cosas notables. El rey del país, Cefeo, está casado con una de las dos mujeres más bellas de la tierra, Casiopea. La otra mujer más bella es la hija de este matrimonio feliz, Andrómeda. Tan bella es Andrómeda que sus padres deciden casarla dentro de la familia para que toda la herencia de belleza quede en casa. Y la prometen en matrimonio a Fineo, hermano del rey Cefeo y tío de la novia.
Un día Casiopea se está mirando al espejo, y una de sus esclavas, al verla tan bella, le dice:
—Pareces una diosa.
—¿Una diosa? ¿Cuál?
—La diosa Juno.
La pobrecita esclava no entiende mucho en dioses y pronuncia el nombre de Juno por mera casualidad, porque lo ha oído citar a otros. Casiopea se echa a reír.
—¡ Qué pagaría la diosa Juno por ser bella como yo !

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