Paris y Helena
La historia de Paris y Helena es acaso la más conocida de todas las viejas leyendas de amor. Y esto puede ser debido a que este mito se compone de varios temas distintos, cada uno de los cuales es un verdadero argumento, como una historia independiente, con su título propio. Y también a que en el amor de Paris y Helena la unión de la belleza, el amor y la muerte llega a su expresión más alta, pues Helena, por ser la mujer más bella de todos los tiempos, despierta pasiones avasalladoras, y la consecuencia de una de ellas es la causa de la guerra y la destrucción de Troya, donde tantos héroes encontraron la muerte, y de la muerte de muchos héroes entre los griegos y los troyanos que defendieron y atacaron la ciudad.
En el mito, la figura de Paris es algo confusa. Este príncipe-pastor parece un héroe moderno, con todas las inconsecuencias y rarezas que los autores ponen en sus personajes desde el descubrimiento de la vida interior. Más fuerte que otros guerreros y en alguna ocasión más que sus hermanos, apasionado hasta la obsesión, de sentimientos a veces infantiles, poco arrogante y nada vanidoso, sensible, bello, con un ideal de bienestar que no puede conseguir, unas veces cobarde hasta rehuir el combate y otras veces arrojado hasta vencer al más fuerte de todos los guerreros espartanos, su vida se podría escribir en forma de una larga novela a la vez tierna, apasionada, de numerosas aventuras, fatalista, descarnada y aguda, que en manos de un autor de la talla de un Dostoievski podría ser uno de los libros clásicos de la literatura universal.
También en el mito, Helena es la mujer más bella de todos los tiempos, y en su conducta se advierte la inconciencia propia de la mujer que tiene la belleza como principal atributo. Para Helena todo es sumamente fácil porque todo lo consigue sin esfuerzo, y no es raro que algunas veces dé la impresión de que lo que más le importa es ser amada y adorada. Su leyenda tiene, como historia, menos belleza que la de Paris. En ella toda la belleza está en la persona de la protagonista, y si los hombres la perdonan siempre, a pesar de todo, sólo es debido a que ante ella les sobrecoge un respeto por la infinita belleza de la mujer. Las pocas versiones que al final hacen morir a Helena a manos de un hombre son tímidas y confusas y no parece que hayan tenido mucho éxito.
¿Quién es Paris?
Troya, un antiguo país situado en Asia Menor, a orillas del mar, ha desaparecido del mapa hace muchos siglos. No quedan hoy en día restos de una civilización troyana. Un país que se fundó, nació y creció sólo para ser teatro de una guerra que tenía que arrasarlo y destruirlo.
El último rey de Troya, Príamo, está casado en segundas nupcias con Hécuba. Tienen nueve hijos varones, o dieciséis según otras versiones, y cuatro hijas. Tres de los hijos, Héctor, Paris y Deifobo, son famosos en la leyenda. Y las cuatro hijas tiene cada una su mito propio: Creusa, esposa de Eneas, Laodicea, Polixena y Casandra la adivina.
Parece que Paris es el segundo de los hijos varones. Durante el embarazo la madre sueña que tiene una antorcha encendida en las entrañas. Este sueño es un mal presagio y el oráculo predice que el hijo que ha de nacer será la causa de grandes trastornos para su patria.
Príamo es un rey de cuerpo entero y para él el bien de la patria está por encima de todo. Antes de consentir que el oráculo se cumpla, ordena a uno de sus criados que lleve al niño al monte y que lo mate. Hécuba, que al parecer es madre antes que reina, enterada de esta orden, ruega al criado que en vez de matar al niño lo entregue a los pastores del monte para que lo cuiden y lo tengan con ellos, pero sin decirles quiénes son los padres del niño.
Así Paris empieza sus aventuras acabadito de nacer, en el monte Ida, en un ambiente que 110 es el que le corresponde por su nacimiento, en compañía de unos pastores que le crían, le cuidan y le educan, enseñándole lo único que ellos saben: a apacentar rebaños, a ordeñar, a manejar la honda.
Paris se queda treinta años con los pastores y él mismo cree que es un verdadero pastor. Al crecer se hace bello y fuerte y a veces siente en su alma una rara nostalgia que le hace amar la soledad. Un día, en el monte, conoce a Enone, una ninfa hija de un dios-río. No dice la leyenda si Paris sorprende a la ninfa mientras se baña, como era costumbre entonces. Se aman, se casan, viven felices y les nace un hijo cuyo nombre no aparece en la leyenda.
Enone, antes de conocer a Paris, había sido pretendida por Apolo, que, para ganarle la voluntad, le había concedido el don de adivinación y el conocimiento de las virtudes de las plantas. Así, Enone es capaz de curar las heridas más enconadas.
Parece que Paris, en sus tiempos de pastoreo, fue muy feliz con su primera mujer. Ella era bonita y él era bello y fuerte, de aventajada estatura, sin rival entre los pastores. No se sabe cuántos años vivieron felices en el monte, porque no dice la leyenda la edad que tenía Paris cuando se casó con ella.
Esta Enone es uno de los personajes secundarios de la leyenda más simpáticos y de tema más bonito. Es una pequeña heroína de amor sin mucha gloria, con un final melancólico, lleno de triste y trágica belleza. Hace falta que un poeta se enamore de este personaje y lo convierta en un protagonista de primera serie, pues lo tiene merecido.
El juicio de Paris.
Durante el tiempo del pastoreo de Paris, Peleo y Tetis se casan (serán los padres de Aquiles) y los dioses asisten como invitados a la boda. En esto de las invitaciones a los dioses había un cierto rigor, y si se invitaba a unos y a otros no, los despreciados solían tomar venganza. Es lo que ocurrió en la fiesta de la boda. La diosa Discordia no fue invitada, por olvido. Y se presentó, en pleno banquete, muy enojada, y arroja una manzana de oro sobre la mesa. En la manzana hay una inscripción: «Para la más bella». Ésta es la famosa manzana de la que todavía se habla muchas veces como «la manzana de la discordia».
Zeus lee la inscripción y tres diosas alargan la mano hacia la manzana, pues las tres se creen con derecho a ella. Las tres gritan a la vez: