Krishna y Rukmini

 

La mitología india tiene una gran riqueza de argumentos. Aquí los dioses protagonistas son muchos y la mayoría son aventureros y más guerreros que poetas. Debido a sus reencarnaciones, todos pasan largas épocas en forma humana, y entonces en sus pasiones se diferencian poco de los hombres.
Hay tres divinidades supremas: Brahma, Visnú y Siva. Brahma, que raras veces participa en las aventuras legendarias, es la divinidad suprema y el padre de todos los demás dioses. Está casado con Sarasvati, la diosa de la sabiduría, y es el único dios que acaso alcanzó la última y suprema perfección.
De Visnú y Siva se supone que representan los principios del bien y del mal, pero si se estudian sus leyendas se ve que no es exactamente así. Visnú es el dios amigo y protector del hombre y de todo lo que vive, ama y se perpetúa. Para estar más en contacto con las criaturas vivas y también para alcanzar su propia perfección, se encarna muchas veces, algunas en forma humana. Las grandes epopeyas de la India son, en parte, el relato de las aventuras de este dios durante una de sus encarnaciones.
Siva es un dios difícil de comprender. Acaso el mejor título que un occidental podría darle es de «principio de todo lo que se hace y deshace». Es un dios creador y destructor al mismo tiempo, y, gracias a su intervención, el mundo, que empezó en forma muy distinta de como es ahora, ha ido evolucionando hasta su estado actual. El último día, cuando todo deje de existir y se confunda con la gran paz sin tiempo, Siva devolverá a Brahma el conjunto de todo lo creado.
Para comprender los mitos de la India se han de conocer las ideas religiosas de este pueblo, cosa difícil, pues son complicadas en extremo. Los indios creen en la reencarnación y algunos de sus dioses pasan por distintas reencarnaciones en forma humana o animal, y durante esos largos períodos son mortales como los mismos hombres y, aunque están dotados de poderes superiores a ellos, algunas veces se dejan humillar y vencer. El concepto de inmortalidad es confuso, pues en la leyenda india sólo se alcanza a través de una serie de períodos mortales, tejidos de contratiempos y aventuras, como duras pruebas a las que hasta los dioses se ven sometidos antes de alcanzar su última perfección. Mientras exista vida, o sea movimiento de la imperfección hacia la perfección, hasta los dioses estarán sometidos a pruebas y trabajos.
Así, muchas veces en la mitología india los conceptos de dios y de héroe legendario se confunden.
Visnú, el dios más parecido a los hombres, se ha encarnado ya nueve veces, y los hombres esperan una décima y última encarnación que coincidirá con el fin del mundo, que ha sido anunciada, y se conocerá por señales inconfundibles y que no se sabe cuándo se producirán.
Krishna, el dios-héroe, es la novena encarnación de Visnú, y al mito de esta encarnación del dios legendario va unida una bella historia de amor. Es historia de amor y de muerte, como ocurre siempre en la leyenda, donde el amor parece que ha de ser inseparable de la muerte. Pero el mito divino indio es una muerte feliz, tránsito obligado para otra futura encarnación.
Los héroes de toda la prodigiosa leyenda india son una curiosa mezcla de dioses y hombres, inmortales en su última esencia y mortales mientras viven sobre la tierra, con una vida que, aparte algunas intervenciones de lo sobrenatural, es casi igual a la de los hombres, o al menos a la de los hombres legendarios.
La leyenda de Krishna se encuentra explicada a trozos entre las dos grandes epopeyas indias, el Ramayana y el Mahabarata. El Ramayana tiene fama de ser el mejor poema que se haya escrito jamás. Procede de la recopilación de antiguas leyendas, más o menos escritas, y se considera como su autor a Valmiki, que vivió hacia los años 400 antes de J. C. Todos los textos primitivos anteriores a este poeta son confusos, y el texto actual es posterior en muchos trozos que otros poetas le han añadido. Parece que el Ramayana no llega a su versión completa sino en el siglo II de nuestra era. Es más corto que el Mahabarata y tiene, en su versión que podemos llamar actual, 24.000 versos dobles, o sea un total de 48.000 líneas. El tema principal de este poema es la historia de Rama y sus aventuras para recuperar a su bella esposa Sita, que le ha sido robada por Ravana, rey de Ceilán, y con ella recuperar también el reino de su padre.
El Mahabarata es un poema formidable, la obra más larga de la literatura universal, con 100.000 versos dobles, o sea 200.000 líneas. Su última redacción se atribuye al poeta Vyasa, y cuenta las luchas de los descendientes de Barata que se disputan entre ellos la posesión del trono de Hestinapura. La última forma, la actual, de este poema, no se alcanzó sino hacia el año 400 de nuestra era. Es, pues, relativamente moderno.
Se habla mucho de este gran poema, aunque es muy posible que no exista quien lo haya leído todo. No existe ninguna versión entera traducida a ningún idioma. En algunos existen trozos, pero nadie ha sido capaz hasta ahora de hacer una versión total. Aunque el poema es antiquísimo, la versión más antigua impresa conocida, aun en lengua sánscrita, sólo es de hace unos ciento veinticinco años.
En ninguna de las aventuras del Ramayana y el Mahabarata tiene demasiada importancia el amor, y el crimen pasional, de creación mucho más reciente, sobre todo en Oriente, no existe.
Pero en la leyenda de Krishna, como última encarnación de Visnú, el amor, aunque no sea el tema principal, se apodera de todo el sentido del mito, desde la aparición de la bella Rukmini. En ninguno de los mitos conocidos existe historia alguna de amor sin una mujer bella que lo inspire. El amor es siempre fruto de la belleza y sigue casi siempre una trayectoria fatal hasta la muerte. Sería curioso estudiar la persistencia de esta trinidad : belleza, amor y muerte, en todos los mitos que hasta ahora ha sido capaz de inventar el hombre.
En el país de Matura hay un rey llamado Kansa. Este rey tiene una hermana, Devaki, que se casa con el príncipe Vasudeva. La tragedia empieza en la misma fiesta de la boda, al oírse una voz en el espacio que anuncia posibles desventuras:
—¡ Rey Kansa! Tu morirás a manos del octavo hijo varón de tu hermana Devaki.
Predicciones de este tipo son muy antiguas en la leyenda, siempre que en ella intervienen las fuerzas divinas, que así provocan luchas y peripecias entre los hombres. Se comprende que un hecho prodigioso de este tipo quite mucho esplendor a la fiesta y también que el rey Kansa empiece, desde entonces, a meditar la forma de salvar la vida contra la maldición de la voz.
Devaki tiene los siete primeros hijos y el rey Kansa empieza a ejercer una extrema vigilancia sobre ella, pues no quiere que el hijo octavo se le escape. El niño tiene la suerte de nacer un poco antes del tiempo debido y cuando Kansa se entera ya ha podido, a pesar de su tierna edad, aconsejar a su madre lo que ha de hacer para salvarle. No es raro que este niño obre prodigios porque es Krishna, la novena encarnación del dios Visnú.
—No temas —dice el niño recién nacido a su madre—, en este momento ha nacido una niña en palacio. Pídela a su madre, que es una de tus sirvientas, y ponía en mi lugar.

 

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