Tarot 806--------|Horoscopo 2010

 

Jasón y Medea

 

Creteo, uno de los más antiguos héroes, funda en el país de Tesalia, en una bahía donde el mar tiene resonancias divinas, el reino y la ciudad de Yolcos. Al morir deja la ciudad y el reino a su hijo mayor Esón, que está casado con Alcímeda y tiene con ella un hijo, muy niño, llamado Jasón, destinado a grandes aventuras heroicas, pues tiene gotas divinas en la sangre, ya que su abuelo Creteo era hijo de Eolo, un verdadero dios.
Creteo tiene otro hijo más joven que Esón, Pelias, que se revuelve contra su hermano y consigue destronarle y arrebatarle el reino. Esón muere poco después de su derrota, y Pelias confía el niño Jasón al centauro Quirón para que lo eduque. Este centauro fue un gran educador de héroes, entre ellos Aquiles, uno de sus alumnos predilectos.
Pasa el tiempo, Jasón se hace un hombre y Pelias envejece prematuramente desde que un oráculo le anunció que debe evitar a un hombre con un pie descalzo que puede ser la causa de su muerte. Desde entonces Pelias prohíbe la entrada en su reino a cualquiera que no lleve los dos pies desnudos o calzados.
Cuando Jasón cumple veinte años (la edad de los comienzos de las grandes aventuras), Quirón le cuenta quién es, de quién es hijo, y le explica que tiene derecho al trono de su padre y le anima a recobrarlo. Jasón, que tiene alma y cuerpo de héroe, emprende el viaje a pie hacia Yolcos. Por el camino corre muchas aventuras, sale bien de todas, gracias a la protección de los dioses, y al fin llega a Yolcos, en el momento en que Pelias está ofreciendo un sacrificio a Poseidón, dios de los mares. En el último trecho, antes de llegar, se le ha perdido una sandalia y aparece con un pie descalzo. Pero nadie le impide la entrada, porque todos están congregados frente a palacio, en la ceremonia del sacrificio.
Es joven, fuerte, bello, arrogante y su presencia causa admiración. Pelias se entera de que acaba de llegar un forastero con aspecto de héroe, y lo llama a su presencia. Los ojos de Pelias se desvían maquinalmente hacia los pies del recién llegado y advierten, con el susto que es de suponer, el pie descalzo. Pero Pelias es astuto, y no toma ninguna medida sin conocer antes el origen y las pretensiones del aventurero.
Le invita a comer y durante la comida Jasón cuenta todo lo que sabe de su historia. Dice quién es, y que se dirige a Yolcos a recuperar el reino de su padre. Lo dice como si no supiera que está ya en Yolcos y que habla con el mismo usurpador. También él es astuto y quiere conocer las intenciones de Pelias. Que le dejan muy sorprendido, pues Pelias le abre los brazos, le llama «querido sobrino» y le anuncia que está dispuesto a devolverle el reino.
Así, al principio, todo se presenta fácil. Pero más tarde Pelias, ya en la intimidad, con el derecho que le dan los años, aconseja a Jasón que no se quede a reinar antes de haber consumado algunas proezas y aventuras.
—Estás en la edad de conocer el mundo y de hacerte famoso; no en la edad de gobernar pacíficamente. Si estás de acuerdo conmigo, yo guardaré tu reino durante tu ausencia y te lo devolveré cuando regreses.
Jasón, que siente arderle la juventud en las venas, está de acuerdo con el consejo de Pelias, pero no sabe adonde dirigirse en busca de aventuras.
—¿ Por qué no vas en busca del vellocino de oro ?
Este vellocino de oro fue, durante mucho tiempo, uno de los tesoros más famosos del mundo, y muchos príncipes habían luchado por su posesión, pues, aparte la riqueza material que representaba, tenía un poder mágico de buena suerte para la persona de su dueño.
A Jasón le gusta mucho la idea y en seguida se dedica a organizar la expedición. Con gran satisfacción por parte de Pelias, pues éste estaba seguro de que Jasón dejaría la vida en la empresa, la mayor y más peligrosa de aquellos tiempos.
El vellocino estaba entonces en poder de Eetes, rey de Cólquida, en la costa del Mar Negro, muy lejos de Tesalia, y tenía una historia prodigiosa y sorprendente.
Eolo, padre del abuelo de Jasón, tuvo otros varios hijos, y uno de ellos Atañíante, rey de Beocia, que estaba casado con Ino, hija de Cadmo y nieta, por lo tanto, del rey fenicio Agenor. Cadmo estaba casado con Harmonía, hija de Afrodita, de quien era nieta Ino.
Atañíante no estaba muy bien de la cabeza y, entre otras cosas feas, era un marido infiel que, además del hijo que tenía con su esposa, llamado Melicertes, tuvo otros con otras mujeres. A una de ellas, Néfele, una de las divinidades de las nubes, Ino la odió siempre por su mayor belleza, y en su odio incluía a los dos hijos de Néfele, Frixo y Hele. Otras versiones suponen que Néfele había sido la primera esposa de Atañíante, repudiada después.
Néfele tuvo un pretendiente divino, el enamoradizo Hermes, que le regaló el mayor tesoro conocido hasta entonces: un carnero con la piel toda de oro. Frixo estaba en poder de Ino, y Néfele consiguió raptarle y, para librarle del odio de Ino, lo montó junto con su hermana Hele en el prodigioso carnero de la piel de oro que era capaz de cabalgar por la tierra, por el mar y por el aire.
Durante la travesía sobre el mar, Hele cayó al agua y se ahogó en un sitio que desde entonces lleva su nombre: el mar de Hele o Helesponto. Frixo llegó a Cólquida y se casó con Calcíope, una de las hijas del rey Eetes. En agradecimiento por haberle salvado la vida, Frixo inmoló el carnero en honor a Zeus y ofreció la piel, el famoso vellocino de oro, a Eetes. Cuando Eetes se vio dueño de semejante tesoro, lo sujetó en las ramas de un bosque sagrado y le puso como guardián a un feroz dragón. Desde entonces nadie había conseguido arrebatarle el tesoro.
Jasón hace una llamada a los mejores héroes de su tiempo, por si le quieren acompañar. Acuden muchos, y entretanto Argos le construye el famoso barco que lleva este mismo nombre, y así se organiza la expedición de los Argonautas para la conquista del vellocino de oro, de la que forman parte nada menos que Hércules (que iba sentado a proa y abandonó la expedición antes de su término); Peleo, padre de Aquiles; Telamón, padre de Ayax; Castor y Pólux; Neleo, padre de Néstor; Meleagro, que después venció al jabalí, como ya sabemos ; Orfeo, que todavía no conocía a Eurídice ; Teseo, heredero del trono de Atenas, y otros.


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