Cibersexo
Algunos grupos de discusión o canales de charla están dedicados exclusivamente a la expresión de las fantasías sexuales. Las normas implícitas de estos canales garantizan que nuestro mundo erótico interior será aceptado e incluso estimulado. Ofrecen la posibilidad de compartir las fantasías con otra persona, aunque nunca llegue a producirse un encuentro físico real.
Las fantasías pueden llegar a ser más completas debido a que no existe información sobre las características físicas o personales del interlocutor. Al carecer de toda esa información, es fácil idealizar el aspecto físico o los rasgos de personalidad de la otra persona. Ambas partes participan activamente en la creación de la fantasía sexual. Como dijo alguien sobre Internet, «la imaginación es inagotable, y al no existir una relación física, se pueden dirigir las pasiones más fuertes hacia los sueños más frágiles».
Debido a la gran carga de fantasía que suelen tener este tipo de experiencias, el cibersexo puede ser más satisfactorio que el sexo físico con la propia pareja o con cualquier otra persona real. En el mundo virtual no existe la posibilidad de sufrir una experiencia negativa a causa de la impotencia, el sentido del ridículo, el riesgo de agresión física o la posibilidad de contagio de alguna enfermedad. A muchas personas, estos riesgos pueden producirles sentimientos de ansiedad. Desnudarse ante un extraño o intentar empezar una relación sexual con la pareja son momentos llenos de tensión, algo que no ocurre en las experiencias de sexo virtual.
El cibersexo puede ser mucho más intenso porque, en la vida real, las personas no comparten necesariamente sus fantasías sexuales con su pareja. El simple hecho de escribir una fantasía puede ser un acto más audaz o más obsceno que los que se suelen practicar en las relaciones convencionales. Las limitaciones que impone la sociedad y las inhibiciones personales pueden provocar insatisfacción sexual en la pareja. Para algunas personas, el simple
hecho de ver sus fantasías sexuales escritas en la pantalla aumenta su excitación.
Adicción al sexo
El cibersexo es, sin lugar a dudas, potencialmente adictivo. La frecuencia con la que se puede practicar no tiene limitaciones físicas, a diferencia del sexo con una pareja real.
El sentimiento de deseo o previsión que provocan las relaciones cibersexuales puede producirse cada pocas horas, y el hecho de que una persona experimente alivio al realizar esa fantasía quizá signifique algo grave.
Las sensaciones reiteradas de ansiedad, previsión y deseo (o antojo), seguidas de alivio, pueden crear una adicción al alcohol, al tabaco, a la heroína o a la cocaína. De forma muy similar, también puede aparecer la adicción al sexo.
Hay personas que desarrollan una cierta tolerancia hacia la experiencia sexual, de la misma manera que se puede desarrollar una tolerancia hacia las anfetaminas o el alcohol. La primera vez que participas en una fantasía sexual en Internet suele ser muy intensa, debido a la novedad.
A medida que pasa el tiempo, la novedad desaparece, llevando a algunas personas a crear nuevas fantasías más extremas que las que habían practicado hasta entonces.
La disponibilidad inmediata de las charlas sexuales a través de Internet hace que esta necesidad o adicción pueda satisfacerse conectándose a la red durante largos períodos de tiempo. Es posible pasar horas y horas conectado diariamente a los canales de charla, donde se pueden intercambiar fantasías sexuales con parejas muy diversas.
A diferencia del sexo en el mundo real, el cibersexo puede practicarse cientos de veces en una misma tarde, con los correspondientes sentimientos de prevención/deseo y alivio cada vez. Las personas que fuman un paquete de cigarrillos diario, fuman veinte veces al día. Cierta persona adicta al tabaco, dijo que una de las razones por las que le resultaba tan difícil dejar el tabaco era la frecuencia con la que podía satisfacer su adicción.
A algunas personas les resulta igualmente difícil dejar el sexo por ordenador. Se esfuerzan por hacer otras cosas en su casa (¡o en el trabajo!), pero sus ansias crecen y acaban dándose excusas como «sólo voy a comprobar el correo electrónico», lo que acaba convirtiéndose en una sesión de seis horas en el canal de charla. Cuando su esposa se va a dormir, un hombre se conecta a la red y empieza a participar en un canal de cibersexo, practicando encuentros sexuales con múltiples parejas hasta altas horas de la madrugada.