Movimientos Masculino
Al igual que para la mujer, la morfología juega un papel en la formulación de los gestos de seducción masculinos, en correspondencia con su carácter fáli-co. También en este caso, han de considerarse numerosos movimientos. En primer lugar, la erección propiamente dicha, que implica un gesto ae abajo arriba. Este gesto mismo, que dirige el deseo naciente hacia el objeto que lo provoca, es retomado por todo el cuerpo, en un juego tan complejo como el de la mujer. De ahí provendrán los gestos de enderezamiento del cuerpo entero, ,o de una de sus partes, algunos de los cuales han sido caricaturizados hasta la obscenidad como en el gesto de «mandar a freír puñetas», o en el de los dedos que siguen el mismo movimientos A buen seguro, no hay nada de seductor en estos gestos vulgares, pero no obstante, aunque de manera mucho más adaptada a la situación femenina, se vuelven a encontrar estos gestos de chulería que pretenden demostrar su potencia de macho. Los gestos de salto, en relación con la exterioridad misma del sexo masculino, tienen vocación de atravesar, plantar, introducirse, fecundar, llenar. Estos gestos, que globalmente podemos calificar de «asaltantes» (he ahí la etimología del término), ofensivos, agresivos, participan de esta dramática especificidad masculina: la violación siempre posible. Seamos realistas: muchos hombres creen seducir por medio de demostraciones de violencia, algo que, para una mujer normalmente constituida, es a menudo misterioso e incomprensible. Como en la literatura china, que describe el acto sexual por el hecho de «dar golpes», la idea del tirador que tensa su arco para lanzar la flecha está anclada en la psicología masculina como sinónimo de la satisfacción de su libido. La diferencia de dimensión entraña gestos muy masculinos, pero difíciles de descifrar como gestos de seducción para las mujeres. Así, el hinchamiento de los bíceps, de los pectorales, de la caja torácica y de todo lo que puede aumentar el volumen del cuerpo o de una de sus partes, asocia curiosamente la amenaza con el deseo de seducir, mostrando la extensión de su fuerza a la hembra codiciada. Así es como han nacido todos esos rituales de los guerreros que se enfrentan ante la atractiva mirada de las mujeres, las cuales aguardan al vencedor, considerado como el mejor procreador. Una vez más, tres gestos estructurales, gestos-maestros típicamente fálicos: • El gesto de erección, caracterizado por todos los movimientos de abajo arriba y, por extensión, de los movimientos de alargamiento, de victoria, de engrandecimiento, de erguimiento de la cabeza, del tronco o de las piernas bien plantadas, así como los brazos tendidos en una dirección dada. • El gesto de penetración, a menudo análogo en sus manifestaciones, a un gesto de agresión, como si se quisiese empalar, provocar y finalmente dar golpes.
• Finalmente, el gesto de hinchamiento que ciertos hombres desarrollan apretando la musculatura pretendiendo así la virilidad perfecta por exhibir en todo momento su «potencia», y que muestran con ocasión de todos los movimientos deportivos.
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Gestos primarios de erección Todo el cuerpo, o ciertas partes de este se tiendes, se tensan, enderezan, se elevan. El cuerpo tensado como un arco, la flecha que apunta hacia el cielo, qué más masculino que este mimetismo de la tensión-erección.
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Gestos primarios de penetración El gesto de penetración, fundamento elemental de la seducción masculina.
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Gestos primarios de hinchamiento Amplificación primaria. Igual que el pene se agranda para ser potente, el cuerpo o una de sus partes muestran la potencialidad de acentuar su volumen. Es la seducción bruta, a menudo mal percibida por la mujer occidental.
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