La seducción romántico sentimental

Contrariamente a la idea que existe en general sobre el amor exquisito hacia el otro, el romanticismo es sin duda la actividad más egocéntrica que existe, pues el sentimiento de sí, de sus emociones, pasiones o exaltaciones del corazón, monopolizan la vida del individuo hasta el punto de perder con ello la razón. La seducción romántica induce, pues, un número considerable de esos gestos que revelan el dolor atenazante del amor incomprendido, del sentimiento de soledad, del alejamiento y del amor imposible.
Recuérdese, en efecto, que en la época del gran romanticismo de Chopin, de Lamartine, se seducía poniendo un guante en el asiento, lo que significaba que se aceptaba morir de hambre por la amada o por obtener esa palidez buscada.

Las declaraciones un poco grandilocuentes, con arrodillamientos o súplicas para obtener la mirada del otro, o, peor aún, ese chantaje afectivo de destruirse si el otro no nos mira, organizan numerosos gestos muy teatrales( En la seducción romántica, uno de los miembros de la pareja, o ambos, están a la caza del menor gesto de interés, lo que vuelve su atención pesada. El sentimentalismo que acompaña al romanticismo es el manierismo del amor. Pero no nos engañemos, es el pensamiento mismo que calcula todos los efectos gestuales, hasta el punto de que éstos devienen académicos y simbólicos, reunidos en un verdadero código gestual.

Si se ofrece una flor de determinada manera, ello quiere decir aquí, y si se abre la ventana de cierta manera, ello quiere decir que estoy disponible. Hay también, por consiguiente, un gran gusto por los gestos de reencuentro y de separació, que dan lugar a despliegues del pañuelo o signos desesperados que muestran la magulladura vivida en el abandono.

La seducción romántica utiliza los movimientos dramáticos, apenas transformados, del teatro de los sentimientos, interpretados sin cesar una y otra vez. Quizá, por dar un poco de color a la cosa, podamos imaginar el gesto que va a la par con la frase «Vaya, no te odio», lo que implica un gesto de lasitud más que un gesto de rechazo, y mejor aún un gesto de espera, todo ello muy elegantemente construido. Ser afectado por pequeñas cosas pueriles, como la ropa arrugada o la rosa marchitada, da un pretexto para agitar tiernamente como símbolo el tallo de la rosa en cuestión, haciendo valer la feminidad y la delicadeza del corazón que puede, como la ropa, arrugarse, y, como la rosa, marchitarse.

La seducción romántica utiliza muchos accesorios gestuales. En otra época, el bastón, el sombrero, la capa y los efectos de mangas, hoy en día el estilo, el cabello salvaje y libre al viento. Muchos gestos parecen languidecer por el dolor mismo de amar, que consume el corazón y el espíritu hasta el punto de volver el gesto evanescente, pleno de lasitud y de un falso desapego que depende de la fatalidad.

la música, la poesía y el arte en general son los temas de conversación de los seductores románticos y dan lugar a gestos plenos de lirismo y exaltación, permitiendo declamar el pasaje dramático de una tortura con la que uno se identifica.

De hecho, resumiendo, se trata de mostrarse desgraciado y atormentado por lo que se siente por el otro, es decir, en fin, por los propios sentimientos y no por el amor del otro. Los amores románticos acaban casi siempre en el alejamiento o en la sangre. Rasgarse las vestiduras de desesperación, por ejemplo, cuando uno es rehusado en sus ofertas de seducción, es un gesto extremo, pero hacer ligeramemente el simulacro de ello puede eventualmente impresionar a una persona ingenua en busca de una maravillosa pasión futura que se inicia con drama, pero que promete a continuación ser exultante. Si tenéis el valor como hombre, no siendo el ejercicio demasiado difícil, de ir a buscar una amapola al campo vecino pasando bajo la valla erizada de espinas, entráis seguramente en la categoría del seductor romántico, sobre todo si un toro os acecha. La mujer romántica porta preciosamente la flor en su corazón, desflorándola de vez en cuando, delicadamente, con su labios.

 

Seducción pasiva

La actitud ensoñadora, ligeramente colmada de tristeza, es un factor romántico de seducción. El engrosamiento producido por la mano derecha es poco evidente, y las manos por delante del sexo significan una reserva que puede ser una llamada.

Seducción pasiva
Seducción romántica

Seducción romántica

Una cierta ausencia en la mirada, acompañada de una expresión de tristeza, no impide la benevolencia, la apertura dulce, y la mano indica que las fuerzas del corazón (mano) y del espíritu (rostro) están unida.