La seducción paternalista

Uno de los modos de seducción mayores para el hombre consiste en hacer el papel de padre. De hecho, siendo todo hombre un padre en potencia, no tiene necesidad de serlo realmente para generar gestos de seducción muy orientados hacia el estado de padre. Se encuentra, pues, ciertamente, en los grandes arquetipos la idea de la defensa, de la protección, basada esencialmente en la constitución muscular.

El ideal del padre en acción está bastante próximo al del esforzado caballero cuyos gestos giran esencialmente en torno a la protección y al hecho de ir por delante en el peligro. Es sin duda de esta situación de la que nace la idea de agasajo, así como todos los gestos sociales reputados de prevenir un peligro potencial, que todas las gentes en situación de seducción se placen en acentuar.

La idea principal de la seducción paternalista es la de que(el hombre tiene el saber infuso o experimental de los peligros de la vida, algo que a la mujer, «condenada» a la procreación y más frágil, se la supone conocer menos y estar menos expuesta. Abrir camino altivamente en una campiña erizada de emboscadas implica para el hombre hacer frente a toda dificultad que surja. Así, separa las ramas que pudieran arañar el delicado rostro de su compañera y la transporta cuando debe franquear un arroyo, por ejemplo. Gestos todos que consisten en identificarse con el escudo del caballero o con el explorador que, con grandes golpes de machete, avanza protector.

A todo ello corresponde también lógicamente una cierta destreza heredada probablemente de la obligación del tiro con arco, del lanzamiento de lanza, y más recientemente del tiro con armas de fuego, que siempre han dado al hombre precisión y eficacia en los gestos ligados a la supervivencia o a la organización externa.

En los tiempos modernos, es sobre esta herencia como se han construido a menudo esos gestos de sostén para atravesar una calle, siendo el peligro los vehículos,/para descender el primero de un tren o de un tranvía un poco elevado y «prestar mano fuerte» a la compañera. Desplazar una mesa o las sillas de forma algo ostentosa en un restaurante abarrotado muestra la seguridad viril del hombre que «maneja» las cosas a su manera.

Evidentemente, no hay que confundir al hombre rudo estilo vaquero que empuja groseramente una mesa en la que se encuentran cuatro mujeres para instalar ahí la suya, con el hombre de calidad que se las apaña para negociar su propio lugar y el de su compañera.

En el mismo orden de ideas, la manera de llamar a un camarero en un restaurante puede ser seductora para una mujer si es a base de elegancia y de firmeza. Los gestos tendrán en este caso todo su valor, pues habrá el hombre de mostrarse «dueño y señor», sin falta de respeto para la dama.

Presentar una silla a una mujer es literalmente sentarla, y, por tanto, simbólicamente darle un lugar para sentarse, lo que implica permanecer de pie en una posición de vigilancia. De hecho, todo consiste, a este nivel paternal, en colocar a la compañera en la posición más confortable en relación con él, y la más segura para ella.) Es lo que desvelan esos gestos direccionales hech6s con el brazo, el índice, el mentón, el pie, y todo aquello que puede indicar una dirección a tomar.

La noción de guía está extensamente ligada al padre que conduce, como la noción de profesor que enseña. Se podría hablar casi de una seducción geográfica, pues es un papel todavía consagrado al hombre, o que se espera de él, el que conduzca a la mujer en su vehículo a un lugar decidido por él, y en donde se supone que ella estará bien. Un hombre realizado en tanto que padre parece tener una gestión del espacio sólido, y sus gestos, como los del caminar, la posición del cuerpo, la manera de hacer frente a todos los imprevistos, parecen ponderados, firmes y bien estabilizados para dar seguridad a su compañera.

Es quizá por esta razón por la que algunos hombres maduros, pero de seducción menos brillante, puramente corporal, atraen mujeres jóvenes sensibles y vulnerables porque el peso de la experiencia reafirma el paso y rinde los gestos que dan seguridad. Encontramos de nuevo esta noción de peso utilizada a menudo por los seductores, por ejemplo, en el amartillamiento del calzado, en la gravedad de la expresión y en la lentitud de los movimientos, que dan una impresión seductora y tranquilizadora.

 

La seducción paternalista

Seducción paternalista tipo

La ambigüedad consiste en utilizar un gesto de fraternidad y de protección sexualmente aceptable para, sin embargo, tocar al otro. La reacción positiva o negativa del hombro tocado informará si conviene ir más adelante en la empresa de seducir.