La seducción mundana
En este modo de seducción se tiende sobre todo a hipertrofiar los gestos que indican la pertenencia a un grupo social determinado donde el espíritu de casta prevalece sobre la familiaridad de los comportamientos. Los miembros de la pareja utilizan principalmente los gestos de cultura hasta el punto de anular casi los gestos de natural subtendidos. El primer comportamiento parece ser el que consiste en exaltar, subrayándolo, el código particular de la sociedad de elite que, como una secta oculta, practica comportamientos rituales específicos, indispensables para reconocerse entre gentes del mismo mundo. Es el universo de las carantoñas, del manierismo, del estetismo llevados hasta la caricatura, pues se trata de hacer valer al máximo las ventajas que toda la sociedad nos ha ofrecido para llegar hasta ello. Pero, al mismo tiempo, se trata de mostrarse «simple» y, ciertamente, desapegado por completo si es posible, lo que será del mejor gusto, de las bajas cuestiones materiales. Es así como nacen comportamientos de superioridad en relación a quienes no tienen la suerte de haber nacido en estos artificios. Todo el mundo conoce esos gestos frívolos y la ligereza que de ellos se deriva. La pareja en vías de atracción va, pues, a presentar toda la panoplia de los gestos «que se hacen» para ser alguien de bien, es decir, suficientemente bien nacido o suficientemente bien situado de entrada, financiera y socialmente, para pretender entrar en materia. Se insiste en presentar la silla con una atención soberbia, mostrando el hábito del cuidado del otro. Se abre una botella de champán perfectamente, y fallar en este ritual particularmente masculino, por ejemplo, probaría que se es culpable de no beberlo lo bastante a menudo. La mujer melindrea inteligentemente, con gestos de deferencia o de respetabilidad como la falsa sumisión al deseo del otro, por ejemplo exagerando la actitud de la anfitriona perfecta que sabe servir y acoger, o desencajando los ojos para beberse las palabras del interlocutor. La forma de caminar, igualmente, o de presentarse corporalmente, hace sentir más o menos que uno ha sido educado en cierto estilo de comportamiento, siempre armonioso con ciertos gestos elegantes y distinguidos. Los gestos de superioridad son frecuentes, como el enderezamiento de la cabeza en una postura arrogante o echar hacia delante el torso, en el caso de los hombres, acompañado de esa tirantez conformista que distingue a los que son respetables de quienes no lo son. Si, por ejemplo, se pertenece al medio del caballo, son explotados los gestos de los caballeros/caballeras derivados de este ejercicio común, y en el límite extremo, habiéndose encontrado de modo evidente un interés común, pueden expresarse más o menos uno al otro alguna aventura estimulante o imprevista capaz de reunir a la pareja en una identidad gestual debida a la misma actividad. Si se juega al golf, sucede lo mismo con variantes, y si se navega en barco, el arte de dar pruebas de facilidad en la navegación gracias a una hazaña u otra servirá de gesto de reconocimiento.
En fin, para los hombres, la virtud mundana implica de antemano los gestos apropiados a cada interlocutor, conociendo o reconociendo sus costumbres, y sobre todo mostrando que se conoce bien a todo el mundo y que todo el mundo te conoce bien. Los movimientos de saludo, de ligera flexión reverencial o los gestos de una exclamación entusiasta que muestra un júbilo obligado, representan la base del comportamiento gestual femenino mundano.
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Seducción activa tipo, con un matiz mundano Tensión del rostro proyectado hacia delante, con sonrisa en los ojos y en la boca, el interés es evidente. Más aún, si se cree en las manos unidas en plegaria, pero, sin embargo, con dedos separados, la disponibilidad es ya confesa. Seducción activa, donde lo que queda retenido es expresado por los brazos colocados cerca del pecho, que forman todavía una barrera conveniente. Premisas de la complicidad. |
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Gesto de erección distinguida El enderezamiento y la altivez de la actitud hasta el límite de lo ampuloso son un derivado del gesto de erección primario. Incontestablemente, ir erguido, incluso altivo, seduce mejor que ir fláccido, marchito. El pulgar fuera del bolsillo implica la ofensividad bien dispuesta. |
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