Tarot 806--------|Horoscopo 2010

 

La seducción del misterio

 

Trátese de un hombre o de una mujer, el descubrimiento de otro implica siempre esa extraordinaria atracción que tiende a conocer, conscientemente o no, el misterio que constituye la diferencia de cada uno. Ciertas personas que lo han comprendido y que, por naturaleza, son más introvertidas, pueden adoptar un cierto número de actitudes tendentes a «hacerse buscar» como un objeto precioso que hace así crecer el deseo.

Hacerse desear, por otra parte, muestra el retrato de quien sabe oponerse a toda intrusión, y el lento progreso en el descubrimiento del misterio constituye un poderoso estimulante erótico. Con su pudor y su impudor tan exquisitos, muchas mujeres son expertas en ocultarse para hacerse descubrir mejor, pues está inscrito en su naturaleza morfológica sexual no desvelar su misterio erótico más que en el último abandono. Ese misterio se manifiesta por medio de gestos de rehúse sabiamente dosificados, y sobre todo por medio de una multiplicidad de expresiones veladas del rostro, haciendo valer una connotación erótica nacida de la obligación de descubrir el misterio.

Muchas heroínas del cine, inaccesibles aunque cautivadoras, han interpretado este tema para volver locos de deseo a su compañero.

La mujer fatal es aquella que, en su impasibilidad misma o en su extremo control de cortesana, suscita la idealización feroz y favorece el nacimiento de un mito un poco extravagante, incluso sagrado, que podrá así encarnar. Ciertas herederas de estas hechiceras que poseen poderes misteriosos poseen un espíritu a veces muy perverso que les permite pulverizar los corazones gracias a una fascinación cuidadosamente mantenida. Las vestales romanas, guardianas de los templos, o las prostitutas sagradas, simbolizan bien este género de mujeres.

El gesto cobra aquí un valor muy particular que debe ser un poco hierático. Recordemos que «hieros» quiere decir «sagrado» en griego, y que la intención es la de investirse, para seducir, de esa suerte de poder sagrado u oculto del que se beneficiaban las grandes y pequeñas sacerdotisas, obligando a sus conquistadores a rituales a menudo muy sofisticados para tocar la tierra prometida. De hecho, la mujer cuenta mucho con su inaccesibilidad eventual, que ha sido durante milenios su única arma frente al hombre para tenerlo en su poder. Esta situación se

deriva principalmente de las tradiciones de virginidad, que implicaban que la cripta sensatamente sagrada de su entrepierna permaneciese cuidadosamente cerrada mientras que el elegido no estuviese a la vista. Así es como un número considerable de gestos de cierre, de esquiva, de retirada, de protección, de intocabilidad, han impregnado la gestualidad femenina.

Pasada esta época virginal, es sobre esta base, sin embargo, como la seducción misterio podrá operarse. Ella implica que el ser elegido tendrá verdaderamente muchas probabilidades de ver un tal misterio abandonarse y entregarse a su deseo. La mujer misterio sucumbe a menudo a una pequeña neurosis: el manierismo.

Los gestos de recelo pudibundo o esos comportamientos de falsa conmoción ante la naturaleza de las cosas, y sobre todo esa maquiavélica utilización del tiempo destinado a manipular más o menos sádicamente el deseo del hombre hasta su impotencia, califican particularmente este modo de seducción.

Todo se apoya en la resistencia pasiva. A ejemplo de una bella ciudadela que excita la codicia y no rinde sus tesoros sino a quien sepa pasar por el ojo de una aguja para entrar en ella.

 

 

La seducción del misterio

Seducción misterio y mundana

Auto caricia realizada con las extremidades de los dedos de una mano en el hueco de la otra, pero, no obstante, barrera del brazo sobre el pecho. Es la reserva prudente que no mata todo interés... en la punta de los dedos. Tipo frecuente en la seducción mundana.

 

 

 

El encanto de una sonrisa enigmática

Se tapa el rostro, pero los ojos fascinan y la sonrisa es enigmática. Es la seducción misterio, que puede también ir teñida de verdadero pudor. La referencia a la cabeza implica la referencia al espíritu: éste debe ser seducido en primer lugar, antes de llegar más lejos. En cuanto a la mano, muestra un dedo de apertura o de separación.

La seducción del misterio

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