La seducción de provocación
En la seducción de provocación se expresan gestos de aparente hostilidad que, al comienzo del ritual de seducción, pueden perfectamente hacer creer a un observador desconocido que una eventual pareja anda buscando una buena querella. Es a menudo así como pueden iniciarse amores muy grandes. Por ejemplo, dos intelectuales que se encuentran en los dos puntos extremos de una ideología van a disputar para convencerse el uno al otro de una verdad que se endosan en el momento de su encuentro. Su relación deviene, por tanto, muy estrecha, pues una de las mayores dependencias en una pareja es la agresividad misma, sobre todo si ella permanece intelectual y un buen lecho reúne a continuación a los combatientes.
De hecho, hay que leer entre líneas, o más bien entre gestosflo que serán gestos de hostilidad relativamente masculinos y constantemente sometidos a las estrategias de cada uno. Estos gestos de hostilidad simulan en realidad el afrontamiento amoroso que juega un papel muy grande en la relación de la pareja, como el combate lúdico, que permite estimular el erotismo, y que tiene una gran papel que jugar para ciertas parejas apasionadas, fogosas o con esa necesidad visceral de conquistar el territorio del otro, lo que permite juegos muy instruidos, de ataque, de defensa y de todas las tácticas para «tener» al otro en su posesión.
Se ven, pues, aparecer gestos de puesta en guardia y una orientación gestual que recuerda un poco a la de los que practican la esgrima, con retiradas rápidas y gestos bastante nerviosos o espectaculares. En este tipo de seducción, en efecto, es preciso a toda costa asombrar al otro. Llevarlo hasta su fortaleza emocional u obligarle a venir a su propio terreno para rodearlo psicológicamente. Las palabras-clave de este género de seducción son «asombrar», «sorprender», «extraviar», «cazar en una trampa», «socavar», para construir así una relación de estima como la que nace a veces entre personas completamente opuestas, profesionalmente por ejemplo, pero que saludan el paso de la buena pelota bien enviada que no se ha sabido atrapar. Es una de las variantes de la seducción provocación, la seducción de tipo «tenis», que hace aparecer muy fácilmente los gestos primarios y secundarios, con pelotas y raquetas, y en la que, de hecho, la cuestión deviene: quién forzará mejor la estima del otro por su estilo, su eficacia, su gracia o su fuerzan Cuando la seducción provocación se vuelve más compleja, puede llegar incluso hasta la actitud desengañada y condescendiente que, si se observa solamente a un primer nivel, puede hacer creer que uno de los miembros de la pareja desprecia francamente al otro. Pero amo de los trucos de la seducción que se emplea a menudo es el de rechazar de manera un poco ostentosa, por ejemplo, las tentativas de uno, lo que no es sino una manera desviada de utilizar al otro. Situación frecuente en la seducción adolescente o durante los periodos de complicidad inocente, (cuando dos compañeros en potencia rivalizan en falsos desapegos del uno por el otro, de tal manera que sus amigos comprenden la farsa y la apuesta. Existe un tipo de aproximación seductora directamente derivada de esta provocación. Consiste en una voluntad obstinada de no admiración frente a un compañero potencial, muy brillante o, peor aún, muy buscado. La solución está en guardarse de hacer eco a un colegio de «admiradores/admiradoras» incondicionales; a fin de sobresalir. Ello sucede a menudo, en particular para los profesores de éxito que constatan con desesperación cómo la única persona que les interesa es justamente aquella que manifiesta la mayor indiferencia aparente, llegando incluso hasta la ironía mordaz. En este caso de figura , se trata a menudo de una persona cuyo potencial de seducción es lo suficientemente fuerte como para permitirse dominar por su encanto personal a las otras personas que compiten. Los gestos de estas situaciones se centran particularmente alrededor de un doble mensaje. Los grandes gestos aparentes proporcionan la demostración pública, si cabe decirlo, de lo que se quiere proclamar, y crean, sin embargo, la relación de seducción de tipo afrontamiento. Es en los microgestos donde habrá que observar signos contrarios a la demostración de rechazo: desapego y no admiración. Por ejemplo, una mitad del cuerpo puede suministrar el impacto agresivo y, socarronamente, la otra parte habla ya de amor. Cuántos amorosos en potencia muestran a sus amigos una discusión animada en los gestos de su parte superior, en una mesa de restaurante, por ejemplo, completamente desmentidos por lo que se llama «hacer pies», o más sutilmente operar con las piernas gestos mucho menos decididos.
Ello puede también pasar con la mitad izquierda (o la mitad derecha) del cuerpo que, puesta en relación, hará ver al observador inteligente qué es lo que está sucediendo bajo las apariencias. Así, una mano derecha que gesticula como para golpear al interlocutor será desmentida por un gesto de seguridad, deslizando la mano izquierda entre los muslos, a la busca de un poco de calor reconfortante.
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Seducción compuesta Postura de encantadora sofisticación. Esta apariencia seductora es demasiado preparada como para no desconfiar a este nivel. El exceso de una postura oculta precisamente la insuficiencia de aquello que se quiere demostrar de manera artificial. La excesiva ostentación corporal entraña la insatisfacción emocional.
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