La seducción de ayuda
La seducción de ayuda proviene sin duda, en nuestra época cada vez más egocéntrica, del deseo de asistencia, de ser útil. Ello puede concernir a la asistencia social que os apoya a menudo contra vuestra propia voluntad, por esa tensión caritativa que desculpabiliza la mayoría del tiempo al individuo de su egoísmo sonriente. A buen seguro, ayudar galantemente o por obligación a una joven mujer a portar una carga demasiado pesada siempre tiene su efecto. Para estar seguros de que se trata de un gesto de seducción bajo el disfraz de un gesto de socorro, basta con constatar que entre cinco viejas mujeres que resoplan tirando de su equipaje y una joven y alegre que, sin embargo, camina con paso ligero, los eventuales San Bernardos se arremolinan junto a la joven. El gesto no tiene necesidad de ser interpretado, tan flagrante resulta, incluso si la mujer joven un poco ingenua cree eventualmente en una generosidad espontánea del hombre, y no ve en ello la intención solapada. La amistad es a menudo el pretexto disuasor para ejercer una seducción de ayuda por medio de gestos de escucha compadecientes. Una oreja bien tendida para recoger toda confidencia, que podrá ser a continuación utilizada con buen conocimiento de causa para la estrategia de seducción futura, incita a esa confianza que aproxima e impide toda falsa interpretación de gestos afectuosos, tolerados desde entonces en la amistada Se trata a veces de una deferencia convencional en una profesión, por ejemplo, donde puede ampliamente jugarse con su ambigüedad. Se amplía entonces esta seducción con la comprensión, que es la manera moral de ayudar a alguien animándolo, por medio de gestos, a expresarse, o incitándolo fuertemente a aliviarse de su problema, de sus pensamientos negros o de lo que le atormentad
Se observan gestos de invitación como tirarse de una manga para impulsar al otro a venir hacia uno, o generar un gesto protector y envolvente, o incluso aplicar pequeños golpecitos en la espalda, con el aire sabiondo de quien ha visto otros casos y puede así entender. Uno se vuelve, por tanto, disponible por medio de una desaparición corporal cada vez mayor, tendente a mostrar que se anula todo gesto corporal para reforzar la expresión del gesto del otro, de quien anhelamos que se exprese. Se puede a veces adoptar una postura del todo sumisa poniéndose en cuclillas, la cabeza al nivel de las rodillas del otro, sentado, por ejemplo.
![]() |
Disponibilidad a la ayuda La receptividad y la apertura, acompañadas de una observación sagaz, participan de una componente femenina en el seductor presto a la ayuda, cuya pipa tranquiliza paternalmente, y cuyos ojos abiertos y vivos muestran la aptitud a estudiar e interesarse. |
