SEDUCIR: el término quiere decir tanto cautivar, atraer y corromper, como fascinar y, globalmente, ejercer psicológicamente presión sobre alguien para sacar un provecho cualquiera. O incluso, de manera más empática. Seducir implica, pues, ineluctablemente, un deseo de apropiarse del otro bajo una forma amable, civilizada, natural o culta.
El estudio de los gestos profundos e instintivos del amor físico permite comprender por qué ciertos movimientos seducen, y por qué otros provocan el efecto inverso, cuando la intención sincera era, sin embargo, la de movilizar al otro a nuestro deseo.
¿Qué palabra, en efecto, podría traducir el lenguaje de los ojos, cuando la chispa hace aletear los párpados en miradas asesinas? ¿Qué interpretaciones hará surgir la media sonrisa de «La Gioconda» en la persona a la que va destinada? Un zumbido de las fosas nasales, ¿no sirve acaso de vehículo a un deseo que se impacienta? Él gesto maquinal de acariciarse los propios cabellos corresponde a un tic nervioso o, por qué no, a la esperanza de ser acariciado, lo que será mucho más gratificante que esta micro-auto-satisfacción Y qué decir de los incesantes juegos de piernas que aprietan y vuelven a apretar la entrepierna en un movimiento tan imperceptible a veces que el compañero no osa recibir directamente el contenido de este mensaje, al haber suplantado en él la moral condicionada aquello que un macaco comprende de inmediato cuando proviene de su compañera.
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