Gestos activos, gestos pasivos

 

En el gesto de seducción se distinguirá, por tanto, para simplificar, entre el gesto pasivo y el gesto activo. Pasivo entendiéndose no como inerte, sino en el sentido de una aptitud a aspirar, atraer, hacer venir, lo que da la apariencia exterior de una suerte de abandono a las connotaciones lascivas. Desde el momento en que una mujer muestra más gestos de seducción activos que pasivos, libera un modo de seducción inverso al de su constitución sexual innata. Ineluctablemente, este comportamiento de seducción bastante agresivo o provocador inducirá un reflejo de alerta interesada en un hombre que emite más del 50 por 100 de signos pasivos, mucho más de lo que quisiera su condición biológica viril. Este modo de seducción inverso es tanto más corriente en una sociedad en plena mutación al nivel de los cometidos masculino y femenino. De donde la alteración considerable de los códigos gestuales que forman parte del inconsciente colectivo femenino-masculino, seriamente cuestionado por nuestra cultura. Interviniendo, en efecto, culturalmente sobre la capacidad procreativa de la mujer, dejada por completo a su libre albedrío, se ha subestimado, sin duda, el hecho de que toda una estructura de sociedad debía derrumbarse por entero para una redefinición de los papeles. El hombre se ha visto particularmente afectado, perdido como está actualmente en esta nueva situación. Ha sido así conducido a aumentar considerablemente su potencial de feminidad para adaptarse al potencial de masculinidad de las mujeres, con todos los gestos nuevos que se han apropiado las mujeres, originalmente masculinos en exclusividad. Cuando todo el cuerpo expresa una intención, no hay apenas problemas para decodificar el gesto de seducción de base que forma parte de la categoría de los seis gestos primarios. Éstos van a combinarse casi al infinito, según la personalidad del sujeto. En el gesto puro, una parte del cuerpo predominará sobre las otras para seducir. Se pueden señalar en el cuerpo al menos tres partes naturalmente distintas: las partes cabeza/cuello, tronco/brazos y bajo vientre/piernas. Cada gesto salido de una de estas partes contendrá la inteligencia energética inherente a su función misma. Todo gesto de la cabeza, que implica el gesto muscular de dieciocho músculos cutáneos principales, pertenece a la esfera intelectual de la seducción. Por ejemplo, un pensador bastante ascético y abstracto utiliza más particularmente las expresiones de su rostro, manifestando pensamientos seductores para enviar un mensaje de este tipo. Los movimientos del tronco, de los hombros y de los brazos, revelan una seducción más sentimental, más afectiva, más emocional, pues son los brazos los que sirven a la acción, con las manos para expresar el máximo de los gestos espontáneos en la comunicación no verbal del código gestual. Finalmente, el bajo vientre, que contiene el sexo propiamente dicho, muestra en su aptitud a moverse intenciones mucho más viscerales y que escapan muy a menudo al control que el espíritu, influenciado por el impacto cultural, ejerce en general sobre los instintos. Es sin duda mirando las piernas, que definen la marcha interior, como se lee lo más veraz del efecto de seducción, sentido o no de forma recíproca por los miembros de la pareja. Una seducción óptima surge, pues, cuando estas tres partes se asocian inteligentemente para ejercer de manera juiciosa, según las circunstancias, un efecto cuya intensidad es proporcional a la armonía interior de quien seduce. Desde el momento en que aparece una distorsión entre lo que expresan en su movimiento unas y otras partes del cuerpo, se sabe que la persona teme algo en la esfera que permanece silenciosa o inmóvil y que, en consecuencia, corre el riesgo de dar importancia a la parte actuante. Por ejemplo, un individuo que gesticula de manera algo salvaje y que valora particularmente la parte de las espaldas y del tórax, revelando así un bajo vientre bloqueado y piernas obstinadamente cerradas, con un rostro ansioso, no tiene más oportunidad de seducir que una personalidad cuyo entusiasmo cordial e ingenuo responde a la seducción altanera. Otro caso es el de ciertas personas que concentran prácticamente todos sus gestos de seducción en su rostro, y que reúnen el juego de sus manos y su juego de expresión en un movimiento conjunto, que parece decir que todo debe primero pasar por la cabeza para tener alguna oportunidad de estimular al cuerpo, y el corazón a continuación.

Por último, otros se presentan en una situación extremadamente controlada de la expresión facial, de las manos, de los hombros y del tórax, pero producen micro movimientos pelvianos de impaciencia, y agitaciones de los pies o frotamientos de las piernas en diferentes direcciones del espacio. Estos indicarán bien claramente que la seducción sexual e instintiva prevalecerá sobre la armonía del corazón y del espíritu.

 

Seducción pasiva de recepción

Seducción pasiva de recepción

Las manos en forma de copa una sobre la otra y las arrugas de atención en la frente entran en la categoría de seducción pasiva: «Os deseo el bien, os recibo y mis manos son dulces.» Adviértase su relajación.

 

 

Gestos de seducción inversa

Estos gestos son cada vez más corrientes. La mujer de la izquierda blande un puño eréctil que expresa con gran evidencia su componente masculino para provocar al hombre. La mujer de la derecha es más reservada, el movimiento de las piernas y de la mano izquierda que se retira no sirve de contención totalmente a una mano derecha blandida en forma de saludo, con la palma de la mano abierta, explícitamente femenina. Esta última anhela ser tomada mientras que la otra tomará.

Seducción pasiva de recepción

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