Tarot 806--------|Horoscopo 2010

 

Cómo interpretar el código del otro

 

Curiosamente, ciertos hombres y ciertas mujeres, más o menos inconscientes quizá del efecto que producen, por falta de confianza en ellos mismos o por falta de conocimiento de un código gestual elemental, ignoran durante largo tiempo qué han seducido. Son a menudo personas de su entorno las que toman conciencia de la naturaleza de los acontecimientos y quienes les informan del desarrollo de la seducción que han desencadenado.

El temor a no agradar se halla en efecto tremendamente extendido, más aún que la certeza de creerse irresistible. Aquél es la causa, para muchos, de una gran inferioridad en los juegos de seducción, la cual les obliga a desarrollar una imaginación muy rica y a veces gestos insólitos, a fuerza de ser sofisticados, para obtener del otro «el» signo lo suficientemente patente como para estar seguros.

La mujer debería, pues, saber que seduce, o que ha seducido, cuando su presencia, su mirada, sus gestos o su discurso, modifican el comportamiento del hombre, provocando el emerger de uno o varios gestos de tipo masculino, más o menos enmascarados o matizados por gestos femeninos tendentes a evitar su impacto directo.

Una postura presumida del hombre, manifestaciones de una mayor agresividad o gestos de dominación protectores, deberían bastar para hacer comprender a la mujer que no le es indiferente. ¡Ay!, cuan a menudo, la mujer, pese a su sagacidad, interpreta en su primer grado un gesto de agresión, creyendo ser literalmente atacada por un hombre que simplemente le dirige el gesto de haber recibido bien el mensaje.

Paralelamente, la sonrisa burlona, y sin embargo zalamera, de una mujer seducida, que muestra gestos de retracción o de esquiva manifiestos, puede ser interpretada por el hombre como una huida o una burla, cuando se trata precisamente de una invitación disfrazada que pretende decir: «Venid, os espero.» No se imagina el número de encuentros sin continuidad, o incluso de matrimonios frustrados, por el desconocimiento de nuestro inconsciente gestual, devastado por esta conciencia cultural que lo reprime.

Interpretar bien el código de seducción del otro es, finalmente, amarlo lo bastante como para buscar descubrir el modo en que negociará estos gestos de seducción, inmutables sobre el plano colectivo, a su manera cultural, moral, social, religioso y, en fin, íntimo.

Ahí reside sin duda toda la emoción nacida del reconocimiento de un álter ego eventual o de un compañero de fortuna que os somete a su encanto.

Sobre estas bases, podemos contemplar ahora una serie de caracteres típicos que van a enriquecer, en el mecanismo de la seducción, los gestos esenciales de uno y otro de los miembros de la pareja con los matices más diversificados y significativos.

 

Gesto de seducción invertida

Gesto de seducción invertida

La mujer toma la iniciativa y el hombre se somete ofreciéndose. Esta situación es particularmente frecuente entre las mujeres de negocio o las ejecutivas.

 

 

Seducción sofisticada

Se trata de un ejemplo típico de falso relajamiento, pues la posición es de hecho inestable e incómoda. Los movimientos de la pierna y del brazo derechos son muy ofensivos y masculinos, pero el brazo izquierdo que hace de barrera, la mano izquierda disimulada y la mano derecha con un dedo separado de los demás muestra bien la duda entre el deseo de seducir y el temor a intentarlo.

Seducción sofisticada
Gesto de seducción reservada

Gesto de seducción reservada

Los brazos retraídos y las manos crispadas constituyen con seguridad un gesto de protección que no quiere decir ni que sí ni que no. Es difícil saber cuál será el resultado de un acercamiento así. Las manos que se agarran al flanco muestran bien la crispación por la búsqueda de un auto contacto que dé seguridad, signo de una ansiedad que busca disimularse a los ojos del otro.

Gesto de seducción compleja

Gesto de seducción frecuente, tendente a valorizar los senos bajo el pretexto de un gesto de relajación, o, más sutilmente, gesto tendente a hacer hincharse la cabellera, lo que constituye una poderosa señal de interés. Las piernas están cruzadas, pero el gesto del pie es elegante y relativamente abierto, una actitud estética heredada de la danza y destinada por tanto a darse valor. Todo pasa por la cabeza, seducción pensada y calculada.

Gesto de seducción compleja
Gesto de seducción masculina.

Gesto de seducción masculina.

Estudiada relajación, bastante estética, que muestra la seducción en espera del hombre presto a actuar. Es el acecho tranquilo. Bien que erguido y ligeramente hinchado, no se siente en él la agresividad, pues la pierna derecha que se cruza con la izquierda, la mano derecha pasiva y la mano izquierda sin puño (como un sexo en reposo), experimentan más bien la espera abierta y calma.

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