¿Hay alguna edad en que sufren menos con la separación o con los problemas de relación entre los padres?
¿Qué pasa con los hijos? ¿Hay alguna edad en que sufren menos con la separación o con los problemas de relación entre los padres?
¡Cómo cambia la convivencia con la llegada de los hijos! Muchas parejas, si pudieran, darían marcha atrás y, paradójicamente, muchas otras darían su vida por tener hijos.
Los psicólogos sabemos que los niños no arreglan las parejas en crisis, en todo caso, dilatan y prolongan esas crisis en el tiempo. Tener un hijo seguramente es la mayor responsabilidad que una persona puede asumir, pero, a veces, ¡con qué facilidad se traen niños al mundo sin haberlo pensado, sin haberlo deseado y sin haberlo previsto!
Los niños ayudan a madurar a quien estaba preparado para ser padre y desestabilizan a quien estaba inmaduro.
Los niños no son una solución, ni una tragedia, pero durante una etapa importante de su vida, en que se configura su carácter y se establecen las bases de esa persona adulta que será después, nos necesitan a nosotros, y sería una irresponsabilidad dejarlos «a su suerte»; necesitan todo nuestro apoyo y, como decíamos en El NO también ayuda a crecer, «necesitan fundamentalmente nuestro amor, dedicación, tiempo, paciencia y seguridad».
En ese mismo libro sosteníamos que «en la educación de los niños de hoy están fallando principios muy básicos: muchos padres se sienten sin tiempo, sin espacio, presionados y sin alternativas para acometer su labor con sus hijos; muchos educadores se sienten sin autonomía, sin recursos, sin libertad para realizar su importante misión; muchos niños se sienten impotentes, desorientados, perdidos y, lo que es peor, se sienten solos; solos ante sus miedos, sus dudas, sus experiencias; solos ante su vida».
La sensación de soledad en un niño es una de las emociones que más le desestabiliza. Sabemos que los niños aprenden por «modelo», aprenden lo que ven. La soledad, como la desesperanza, desgraciadamente también se aprende.
Los niños se pasan la vida observando y analizando, y cuando la relación que observan en sus padres dista mucho de ser una relación afectiva, donde imperen el cariño, el amor y el respeto mutuo, esa vivencia, lejos de ofrecerles seguridad y confianza, les llena de insatisfacción y de inestabilidad.
Con frecuencia, los niños manifiestan sus miedos y sus temores a través de conductas extremas, donde la agresividad y el desconcierto hacen acto de presencia. Es su forma de pedir ayuda, de decirnos que no están bien.
A veces nos quedamos en la superficie de sus manifestaciones; no vemos más allá de lo que muestran al exterior, nos empeñamos en tratar sus consecuencias, y se nos escapan sus orígenes; esas causas que provocan su aturdimiento y su desorientación.
Con frecuencia nos resulta difícil tomar decisiones que parecen demostrar nuestro fracaso.
Muchas personas se equivocan y siguen caminos erróneos. La solución no es prolongar una agonía, sino sanar una patología.
Y patológicas son muchas de las relaciones que sólo consiguen que uno, o los dos miembros de la pareja, se sientan prisioneros de una decisión errónea o esclavos de unas circunstancias adversas, que sólo provocan infelicidad y desolación.
Es lógico que nos preguntemos: ¿qué pasa con los niños?, ¿cómo les afectarán estas circunstancias?, ¿existe alguna edad en que sufran menos?, ¿cómo debemos actuar con ellos?
Con frecuencia vienen muchos padres a la consulta en demanda de ayuda y orientación. No pueden entender que a su pareja no le importe lo que pueda ocurrir con su/s hijo/s. La realidad es que cuando tenemos personas que no saben sentir, tampoco saben querer.
Afortunadamente, el problema no está en los niños, sino en los adultos; y cuando éstos reaccionan bien, los niños inmediatamente se sienten mejor, se comportan mejor y nos ayudan en nuestra propia recuperación.
Hay una serie de pautas que nos pueden resultar muy útiles y que nos ayudarán a proporcionar al niño lo que tanto necesita: tranquilidad, una situación clara y, al menos, una persona adulta que le proporcione la seguridad y el amor que le son indispensables para su vida y su desarrollo.
Continua>>>