La principal valoración debe ser interna. Si, por el contrario, estamos siempre pendientes de cómo nos valoran los demás, muchas personas se pasarán su vida intentando adaptar su comportamiento a las exigencias «o intransigencias» de los que les rodeen.
El dolor que nos produce sentirnos infravalorados, bien por parte de nuestra pareja o de una persona significativa de nuestro entorno, nos provoca una de las peores emociones que podemos tener. Cuando pensamos que esa infravaloración es injusta, sufrimos por ello; pero cuando creemos que merecemos esa desvalorización, la inseguridad, la tristeza y, a veces, la desesperación hacen mella en nuestra autoestima.
Casi todas las personas que tienen problemas con su pareja en algún momento se han sentido poco valoradas; si ese proceso de desvalorización continúa en el tiempo, el pronóstico empieza a ser menos favorable.
Dado que entre los hombres y las mujeres no es sencillo que exista un buen proceso de comunicación, el riesgo de que uno de los integrantes de la pareja se sienta poco valorado es muy alto.