En realidad, cuando nos preguntamos ¿Aún puedo tener esperanzas? ya hemos contestado a esta interrogante. Como exponíamos, merece la pena sólo si lo que hemos vivido nos llenó de satisfacción, de equilibrio y plenitud, y si ambos aún compartimos lo esencial del amor: léase el respeto, la generosidad, la admiración y el deseo de intentarlo hasta desfondarnos, con lo mejor que llevamos dentro.
¡No hay esfuerzo mejor empleado que el que se realiza para superar las dificultades que todo gran amor entraña!, y no hay esfuerzo más baldío que el que se aplica a sentimientos agotados, a esperanzas perdidas o a emociones contrapuestas. |