Dolores y Marcos eran una pareja joven, de treinta y un y treinta y tres años. Se conocían de su época de estudiantes y llevaban tres años de vida en común.
Habían tenido problemas con sus trabajos respectivos, sólo Marcos tenía un contrato fijo, y Dolores parecía estar ahora a punto de conseguirlo.
Económicamente habían estado siempre muy asfixiados, y ese hecho había influido negativamente en su relación: apenas se podían permitir salir de casa, pues no les quedaba ninguna partida para gastos extras.
El tema de los niños también era un punto conflictivo: a Marcos le apetecía tener un hijo, pero Dolores temía que si ahora se quedaba embarazada, disminuirían mucho sus posibilidades de conseguir un contrato fijo.
El motivo principal por el que vinieron a vernos era porque ambos estaban un poco quemados, especialmente Dolores, que no se sentía feliz ni contenta con la relación que mantenían.
Pronto vimos que se trataba de una pareja que seguía queriéndose, pero que habían llegado a un punto de peligro. Los dos se sentían insatisfechos con la vida que ahora mismo llevaban y con el estado de rutina y falta de entusiasmo que mostraban en su relación afectiva.
Dolores se había refugiado en el tema de su precariedad laboral para no afrontar una futura maternidad. Sin duda éste era un factor importante, pero lo que más la inquietaba es que no estaba segura, en estos momentos, de que su relación fuera tan bien como para plantearse tener un hijo en común.
Por otra parte, tenían las típicas dificultades de convivencia: caracteres y enfoques distintos, prioridades diferentes, falta de acuerdo en las tareas que había que realizar, así como en la distribución de las mismas; injerencias por parte de las familias de ambos..., que les habían llevado a un marco en que las discusiones y las caras serias estaban empezando a ser mayoría, y ganaban a los momentos relajados y placenteros.
Por último, las relaciones sexuales, que al principio eran uno de los puntos que les proporcionaba mayor satisfacción y complicidad, actualmente se encontraban bajo mínimos. Al cansancio generado por sus respectivas jornadas laborales —prácticamente las relaciones cada vez se limitaban más a los fines de semana—, se unía la falta de acuerdo sobre la frecuencia y el contenido de las mismas; especialmente Marcos se quejaba de que tenían pocas relaciones, que éstas habían dejado de ser creativas y atrevidas, y que Dolores casi nunca tomaba la iniciativa.
Llegados a este punto, ambos realizaron sus respectivos registros, en los que debían apuntar cómo se sentían emocionalmente a lo largo del día; posteriormente harían otros registros donde, en el transcurso de una semana, anotarían las conductas que menos les habían gustado de su pareja; este registro lo complementarían con otro en sentido contrario —qué es lo que más les había satisfecho de la actuación de su pareja—; a continuación harían un listado de las áreas de conflicto o de mejora en la pareja, y terminarían enumerando lo que cada uno, en estos momentos, le pediría al otro, para mejorar su relación de pareja.
El análisis que hicimos conjuntamente nos reveló muchas áreas de trabajo. En el momento actual los puntos de satisfacción eran escasos; por el contrario, las áreas de mejora se amontonaban sin aparente solución. Dolores y Marcos, especialmente este último, se quedaron muy sorprendidos al ver la cantidad de puntos que sentían como insatisfactorios y que a lo largo de tres años de convivencia habían ido creciendo de forma imparable.
Hicimos un listado común de aquellas áreas donde los dos mostraban pocas habilidades, y otras dos listas con los aspectos que cada uno de ellos debía mejorar. El objetivo intermedio era incrementar los puntos de acuerdo y de satisfacción; el objetivo final era conseguir la motivación, el estímulo, el entusiasmo y la ilusión en la vida de pareja.

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