De nuevo cada persona tendrá unas expectativas diferentes, y según las mismas decidirá cómo debe ser su relación afectiva. El problema surge cuando la pareja no es consciente de estas expectativas, cuando las conoce pero no las valora en su justa medida, o cuando es incapaz de satisfacerlas en el campo de actuación que le competen.
Las diferencias son individuales, pero la realidad es que muchas mujeres esperan cosas parecidas, y la mayoría de los hombres tienen expectativas semejantes. En algunos casos hombres y mujeres coincidirán, pero en otros se encontrarán muy lejos, y ni tan siquiera las intuirán.
En general, como ya hemos visto, la mayoría de las mujeres esperan que sus parejas les proporcionen:
— Afecto: a diario.
— Ternura: frecuentemente.
— Mimos: en los momentos bajos.
— Sentirse escuchadas: a diario.
— Sentirse valoradas: frecuentemente. (En esto coinciden el hombre y la mujer.)
— Sorpresas y detalles: de vez en cuando, pero sobre todo en los momentos bajos.
— Frases llenas de cariño, donde les digan que las quieren: frecuentemente.
— Paciencia: frecuentemente, y sobre todo en los momentos bajos, durante el síndrome premenstrual y en los días de molestias de la regla.
— Aceptación de sus intuiciones: frecuentemente.
Por su parte, muchos hombres esperan que sus parejas les proporcionen:
— Unas relaciones sexuales permanentes y llenas de pasión, donde además su pareja le diga que es un auténtico artista del sexo.
— Sentirse valorados en todas las áreas, personales y profesionales.
— Sentir reforzada su autoestima y su seguridad personal.
— Sentirse importantes para la mujer: saber que está satisfecha con él, que cubre sus expectativas y sus necesidades.
— Tener cierta libertad de acción y tiempo libre para ellos.
Cuando uno o los dos miembros de la pareja sienten que sus expectativas no están cubiertas empiezan a embargarles las dudas y los pronósticos se vuelven negativos y pesimistas. Al cabo de un tiempo la inseguridad se apodera de ellos y parecen convencidos de que no van a conseguir la felicidad que buscaban.
La desesperanza que sienten les lleva al desánimo, y lo acusan con un marcado cambio de actitud, donde las protestas o los reproches hacen acto de presencia.
No recibir lo que esperan es lo que ha llevado a muchas parejas a la separación, a la ruptura o a una convivencia llena de insatisfacción y de amargura.