¿Quién no se ha sentido poco libre en algunos momentos de su vida? Hay personas que sienten que casi nunca pudieron elegir lo que realmente querían, otras piensan que están llevando una vida muy contraria a la que desearían, pero que no tienen libertad para poderla cambiar, que están condicionadas por su situación actual, por una serie de hechos que les atrapan, por su familia, por la hipoteca de la casa, por las promesas que realizaron en su momento...
Seguramente, pocas personas se sienten auténticamente libres, o al menos con un nivel de libertad que cubra sus expectativas.
Mujeres y hombres se pueden sentir condicionados por decisiones o compromisos que adquirieron en el pasado, por una realidad presente que les asfixia o por la falta de futuro que les espera.
Cuando añoramos nuestra libertad, igual que cuando nos sentimos mal, intentamos buscar un responsable. Muchas veces será la persona o personas que nos rodean; en otras ocasiones sentiremos que es la persona que llevamos dentro.
Una vivencia muy dolorosa es la de sentir que tu vida puede cambiar, que de nuevo se abre ante ti una oportunidad, en algunos casos quizá la última oportunidad, pero las circunstancias que te envuelven parecen aprisionarte y te impiden coger ese tren que, aparentemente, conduce a la felicidad.

Cuando una persona siente que y a no tiene libertad en su vida para ser feliz, no puede permanecer sin hacer nada; o cambia sus circunstancias, o cambia su vivencia interna, o empezará a «morir» un poco cada día, en la misma medida en que mueren sus esperanzas.
A veces podemos sentirnos confusos, en medio de emociones que nos envuelven y provocan sentimientos contradictorios. Por una parte queremos vivir esa nueva experiencia, pese a quien pese y por complicadas que sean nuestras circunstancias; por otra parte, sentimos dudas y nos invaden los temores.
Son momentos difíciles, en que podemos pasar de la exaltación más apasionante al decaimiento más profundo. Podemos tirar por la borda todos los logros que hemos conseguido a través de una vida de esfuerzo, podemos cargarnos el brillante futuro que nos espera, podemos liberarnos de condicionantes absurdos e injustos, o podemos sumergirnos en la telaraña de una relación dependiente, que nos hace más pequeños cada día.
Este problema afecta en parecida medida a mujeres y hombres, aunque suelen reaccionar de forma diferente.

 

 

Volver a Amar sin sufrir