Amores peligrosos

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Mujer, belleza y salud

Superficialidad - frivolidad:  Necesito una pareja light, que no me complique la vida

A las personas que poseen un esquema de superficialidad-frivolidad, la actitud light de los histriónicos les resulta especialmente atractiva y relajante. Puesto que no quieren complicarse la vida, la trivialidad de las personas histriónicas les viene como anillo al dedo. La norma: pensar poco, sentir mucho. Estamos de acuerdo en que la compatibilidad afectiva no tiene por qué darse en la más elevada trascendencia, hay parejas cuyo punto de contacto más profundo son las palomitas de maíz en un teatro vespertino. ¿Y qué? El problema podría aparecer cuando uno anda navegando en la quintaesencia del saber y el otro está a ras del suelo. Pero no falta quien quiere convertir a su pareja histriónico-teatral en un Einstein enamorado, y ahí las cosas se complican porque los olmos no dan peras.
Cierto hombre, muy culto y circunspecto, se sintió atraído por las curvas y sensualidad de una mujer histriónica. Sólo para señalar algunas discrepancias: a ella la gustaba el baile y la rumba, y a él la literatura y el cine arte; ella se vestía de punta en blanco y él parecía un mamarracho; ella no leía ni los titulares de los periódicos, y él se devoraba hasta los obituarios. Solamente los unía el espíritu de la conquista en plena efervescencia. No obstante, pese a los malos augurios, el hombre intentó «educarla» e introducirla en un mundo más intelectual, para que sus amigos y amigas pudieran aceptarla. De más está decir que el experimento fue un rotundo fracaso. La mujer no negoció su esencia, y a los pocos meses dejó al erudito por el batería de un conjunto de rock, mucho más afín a sus preferencias personales. No se puede nadar en aguas distintas. Si cada vez que te metes mar adentro tu pareja se queda en la orilla, algo anda mal.
Un psicólogo le preguntó a un paciente que quería divorciarse cuál era la diferencia fundamental e irreconciliable que lo alejaba de su mujer. El hombre pensó un buen rato antes de contestarme, tanto que el psicólogo acomodó sus papeles y tomó el bolígrafo para no perderse detalles. Finalmente dijo: «A mi me gusta bailar y a ella no». Reduccionismo afectivo, amor ultraliviano, que paradójicamente no levanta vuelo.

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