Amores peligrosos

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Mujer, belleza y salud

Sufrimiento confirmatorio: Necesito que estés celosa/o y sufras por mí, para sentir que tu amor es verdadero 

Celos como confirmación. El dolor y la preocupación del otro vistos como un indicador fiable de que el amor está vigente: «Tu sufrimiento me excita»; «tu dolor por mí me enaltece» (¿sadismo amoroso?). Es la visión del amor sufriente, como lo planteara Platón, el amor descontrolado y maníaco, el amor inseguro y obsesivo que teme perder a su amada o amado. En la posesión, el otro pasa a ser un objeto sin voz ni voto. Cuando un enamorado afirma: «Me perteneces», y su pareja entra en éxtasis, hay dos trastornos que se retro-alimentan entre sí. El depredador y su víctima empiezan a funcionar sincronizadamente: «Poséeme, cuídame y enloquece por mí» (el dependiente), y «debo vigilarte porque creo que me dejarás» (el paranoide). ¿Cómo ubicar una pizca de racionalidad en semejante componenda? Sufrimiento confirmatorio de parte y parte: uno porque duda y el otro porque se siente perseguido. Eros enloquecido.
Para las personas que ven en los celos una forma emocional de compromiso afectivo, el amor sin sufrimiento es sospechoso de desamor. Una persona sustentaba así esta filosofía de padecimiento amoroso:
PACIENTE: Mi pareja sufre mucho por mí...
TERAPEUTA: ¿Y eso no te preocupa?
PACIENTE: Pobre...
TERAPEUTA: ¿Por qué sonríes?
PACIENTE: No puede vivir sin mí...
TERAPEUTA: Pero él sufre mucho, ¿verdad?
PACIENTE: Teme perderme, cree que no lo quiero lo suficiente...
TERAPEUTA: Sin embargo, tú me has dicho que sí lo amas...
PACIENTE: Es verdad... Pero me gusta verlo desesperado por mí, cuidándome a toda hora... Asustado... ¡Nunca me habían querido tanto...!
TERAPEUTA: De todas maneras, es un amor muy desconfiado y típico de un estilo paranoide, que puede resultar peligroso... ¿No estarás jugando con fuego...?
PACIENTE: ¡Me encanta!
TERAPEUTA: ¿No piensas que desconfiar tanto de ti puede minar tu autoestima en algún sentido? Él actúa como si fueras una mujer muy «fácil»...
PACIENTE: ¡Todo lo contrario! ¡Mi autoestima es mayor! ¿No ve que ese hombre se muere por mí?
TERAPEUTA: ¿No te sientes asfixiada con tanta presión y control?
PACIENTE: ¡Me siento amada!
TERAPEUTA: ¿Y cuando te canses?
PACIENTE: ¡Nunca me voy a cansar!
A los cinco meses se acabó la relación porque la persecución del hombre terminó en agresión. La esencia de los celos se refleja en una violencia almacenada que va en aumento. Esta mujer subestimó el riesgo en el que se encontraba y confundió la desesperación del paranoide con el furor del amor pasional, y obviamente estaba equivocada.
El paranoide es experto en celar, custodiar, acechar, espiar y emboscar a su pareja. Para algunos esta actitud enfermiza es sinónimo de un gran amor, cuando en realidad son los síntomas de una enfermedad. Un hombre que salía con una mujer veinte años menor, muy celosa y desconfiada, me decía: «Yo sé que a ella se le va la mano, sobre todo cuando monta escándalos y tiene ataques de celos, pero para serle sincero, nunca me he sentido tan amado...». En realidad deberíamos decir «tan acosado», pero esta persona no veía la diferencia.

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