Amores peligrosos

carta astral tarot videncia horoscopos
Mujer, belleza y salud

Sabotaje afectivo: Debo oponerme a tu amor, pero sin perderte

¿Qué estrategia utiliza entonces la persona pasivo-agresiva para tratar de resolver el conflicto mencionado? Quedarse a mitad de camino y apelar a la ley del mínimo esfuerzo. Más concretamente: la táctica consiste en hacer uso de las ventajas que le brinda la pareja (seguridad, protección) sin asumir ningún compromiso ni incomodarse. Aceptar al otro a regañadientes y recordárselo cada vez que pueda. De ahí surgen los comportamientos oposicionistas, el sabotaje y la resistencia: «Te acepto a medias, porque no quiero perderte del todo».
La protesta pasivo-agresiva no es amigable, es una propuesta tortuosa y dañina para quienes la padecen. El amor es visto como un mal necesario, al cual hay que torpedear pero no eliminar. En esencia, los olvidos, las impuntualidades, los trabajos mal hechos y cosas por el estilo configuran una forma de terrorismo afectivo y psicológico, dirigido a perturbar el orden establecido. La premisa de la que parten es inmanejable: el amor es coercitivo y por lo tanto hay que subvertirlo.
El sabotaje suele estar acompañado de excusas y altas dosis de cinismo, que desesperan cada vez más a las víctimas. Un paciente casado con una mujer pasivo-agresiva relataba así las relaciones sexuales que mantenía con ella: «Se queda quieta como una muerta, a duras penas me besa... Yo soy el que toma siempre la iniciativa, el que la desviste y tiene que hacer de todo para que se excite, y casi nunca reacciona a lo que le hago... Por lo general termino masturbándome y ella se limita a mirarme... Cuando le pido que me ayude, dice que parezco un desaforado sexual y me abraza con desdén... Una vez, esto es para no creer, en pleno acto sexual prendió un cigarrillo y comenzó a fumar, ¡imagínese! Aceptó ir al sexólogo, pero de las tres citas sólo fue a una y llegó media hora tarde... Es tanto su cinismo o su estupidez, ya no sé qué pensar, que cuando finalmente logro eyacular, me pregunta: "¿Te gustó?».
Las actitudes de resistencia afectivo-psicológicas terminan creando un círculo vicioso y fortaleciendo las creencias que impulsan al pasivo-agresivo. Veamos un ejemplo de autoperpetuación:

El padre debía ir a buscar a los niños al colegio a una hora determinada, y no fue. Del colegio llaman a la madre y ella corre a buscarlos. Cuando el hombre llega a casa más tarde, la mujer lo increpa y lo regaña por haber «abandonado a los niños». Él responde que no le parece tan grave la cosa, lo que hace que la mujer se ofusque más. El hombre le echa en cara su actitud persecutoria y déspota. Ella le pide alguna aclaración por el «olvido», pero él deja de hablarle. La señora trata de tranquilizarse, baja sus revoluciones y le pide que dialoguen. Él sale a la calle sin decir palabra y vuelve al amanecer. Ella exige explicaciones y el marido le echa en cara que es igual de mandona que su madre. En resumidas cuentas: él termina confirmando la creencia de base que justifica su resistencia pasiva: «Mi mujer es una controladora y me quiere dominar», mientras la esposa va perdiendo el amor, gota a gota.


Debemos reconocer que la actitud pasivo-agresiva es útil en ciertas relaciones de dominancia-sumisión donde hay que dejar sentado un desacuerdo a favor de los derechos humanos y a la vez evitar sanciones. Por ejemplo, es muy común que en el ejército algunos reclutas utilicen comportamientos pasivo-agresivos ante la presión de un superior de carácter duro o que algunos estudiantes hagan uso de la desobediencia escolar ante profesores especialmente autoritarios e impositivos. Sin embargo, a no ser que la pareja sea un miembro de las SS, el diálogo directo y franco es la mejor alternativa.


<<< Volver al índice de Amores peligrosos