Proteccionismo amoroso: Necesito que me necesiten
Existen dos creencias que obran como un impulso irrefrenable en este tipo de personas: «La ternura excita» y «la fragilidad me produce ternura». La conclusión es definitivamente contraproducente: «la debilidad del otro me atrae y me seduce». Y no hablo de dar amor sanamente, sino de la tendencia a convertirse en cuidadores crónicos. Los sujetos pasivo-agresivos muestran esa faceta de desprotección-indefensión que, sin ser constante, es suficiente para que los «papas» y las «mamas» de turno se sientan conmovidos. Un paciente médico describía así su primera impresión cuando conoció a la que sería luego su esposa: «Cuando la conocí por primera vez sentí un irrefrenable impulso de socorrerla... Eso se confirmó cuando tuve la oportunidad de conocerla mejor... Al mes ya estaba haciéndome cargo de sus problemas y manejando su vida, que era un cúmulo de cosas sin terminar. Me sentía obligado y feliz de completar lo incompleto o mejorar lo que ella había hecho mal... Era una forma distinta de poseerla... Hoy, todo eso se ha convertido en una pesadilia para mí, es como si hubiera adoptado una hija... Cuanto más la ayudo, más problemas le surgen y la verdad es que estoy agotado... Me recuerda una película que vi hace tiempo acerca de un monstruo con varias cabezas, al que cuando le cortaban una le nacían otras...». Esta analogía del monstruo que renace de su destrucción cada vez con más fuerza, una especie de Terminator psicoafectivo, representa bastante bien la sensación desagradable que suelen tener las parejas de los pasivo-agresivos. La esposa del paciente era una profesional destacada en el área financiera y trabajaba en una importante empresa del sector, pero cuando estaba con su marido entraba en un estado de inutilidad crónica intolerable... ¿El hombre fue víctima de su propio invento? Sólo en parte, porque ya existía en ella esa disposición. Lo que hizo el paciente fue poner en movimiento el sistema y echarlo a rodar.
Si entras en el esquema del proteccionismo afectivo, vale la pena revisarlo. No necesitas una pareja que adopte el rol de hijo o hija, ni unirte a otro por sus debilidades. Además, desde un punto de vista pragmático: ¿para qué quieres a una persona que «no puede vivir sin ti pero te martiriza»? Las personas proteccionistas esconden un sentido de responsabilidad desproporcionado y una idea de culpa. Si no cambias esa manera de relacionarte con los demás, los individuos pasivo-agresivos seguirán ejerciendo sobre ti
atracción difícil de controlar: serás un adicto o una
adicta a la debilidad ajena. El esquema de proteccionismo
amoroso podría asimilarse claramente al concepto de
dependencia, donde el amor se confunde con querer
ayudar y secundar al otro a cualquier precio. Pero si
ser codependiente ya es una cuestión que te amargará
la vida, ¡cómo será serlo de alguien pasivo-agresivo!:
«¡No sólo debo cuidarte, sino convencerte de que me
dejes hacerlo!». ¿Habrá mayor necedad?
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