¿Por qué nos enganchamos a una relación pasivo - agresiva?
Algunas personas se sienten atraídas por el estilo pasivo-agresivo. Y no se debe a un masoquismo amoroso o a una jugada perversa del inconsciente, sino a esquemas compensatorios que tratan de equilibrar antiguos problemas no resueltos. Esta conexión, altamente peligrosa, ocurre entre dos rasgos típicos del estilo pasivo-agresivo (fragilidad-inseguridad y tranquilidad-dejadez) y dos estilos que las potenciales víctimas desarrollaron en su vida (proteccionismo y despreocupación-comodidad). Estos vínculos disfuncionales pueden representarse de la siguiente manera:
A) Fragilidad-inseguridad <<<>>> Proteccionismo amoroso
Para una persona proteccionista con fuerte impulso maternal o paternal, la fragilidad del sujeto pasivo- agresivo y su disponibilidad a ser atendido y protegido resulta especialmente atractiva.
B) Tranquilidad-dejadez <<<>>> Despreocupación-comodidad
Para alguien perezoso que no soporta demasiado la responsabilidad de tener una relación, la faceta de tranquilidad-dejadez que presenta la personalidad pasivo-agresiva resulta la más feliz de las coincidencias.
Entonces podemos definir dos esquemas principales que inducen a las personas a caer en las trampas pasivo-agresivas: proteccionismo amoroso y despreocupación-comodidad. Si sufres cualquiera de las siguientes vulnerabilidades disfuncionales es mejor que te mantengas en alerta roja, porque el amor subversivo podría encontrar en ti un terreno fértil para instalarse y echar raíces: «Necesito que me necesiten» (proteccioismo amoroso) y «Necesito que me dejen libre para hacer lo que quiera» (despreocupación-comodidad).
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