Amores peligrosos

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Mujer, belleza y salud

¿Podemos relacionarnos saludablemente con una persona paranoide?

Jesús dijo que había que amar al enemigo, pero nunca sugirió que teníamos que vivir con él o ser su pareja. Inteligencia espiritual o emocional, qué más da, tenía razón. Amar saludablemente no implica que debamos justificar ante el otro cada uno de nuestros comportamientos, mostrar pruebas de solvencia moral o jurar que no somos parte de una red terrorista, como exige el amor desconfiado.


Estrategias de supervivencia afectiva

Para relacionarse con el estilo paranoide, la mayoría de las personas recurren a dos formas básicas de afrontamiento: someterse al interrogatorio del otro sin rechistar y resignadamente o rebelarse al señalamiento acusador. Veamos cada una de ellas y sus consecuencias. Acatar la vigilancia paranoide y dar «explicaciones» cada vez que se requieran Una paciente casada con un hombre extremadamente desconfiado me resumía así su táctica de supervivencia: «Yo sé que debería ser más fuerte, pero la única manera de tener una "vida llevadera" con él es darle tranquilidad, y que vea que soy una persona de fiar». Llevaban más de veinte años juntos y ella aún debía aportar pruebas para demostrar su buen comportamiento. La gente que utiliza esta estrategia mantiene la ilusión de control de la situación, sin embargo, tal acoplamiento lo único que hace es reforzar la desconfianza del paranoide y que éste pierda cada día más autonomía.
Veamos algunos comportamientos que definen esta actitud:
• Evitar tomar iniciativas para no alimentar suspicacias.
•Evitar las críticas o cualquier tipo de cuestionamiento de la pareja, así sean mínimos y justificados. El paranoide verá allí el origen de una conspiración contra su integridad personal y reaccionará con hostilidad y recelo.
•Evitar las peleas o discusiones, ya que cualquier alegato quedará grabado a fuego en su memoria y lo sacará permanentemente a relucir como «prueba» a su favor.
• Hay que ser muy claro y específico con cada cosa que se diga y haga para evitar «malos entendidos».
• Para evitar los celos es mejor tener solamente uno o dos amigos o amigas (aceptados por el paranoide), salir poco, dar cuenta de todo con frecuencia y limitar la libertad.
• Manifestarles continuas muestras de respeto y lealtad.
• Brindarle toda la información cuando la pidan.
• Aprender a manejar sus crisis de ansiedad, que serán muchas e intensas.
• No tomar la iniciativa en cuestiones sexuales porque los asaltará la duda.
¿Eres capaz de vivir bajo la vigilancia y observación de tu pareja como si fueras una persona potencialmente desleal o traicionera? Ni el matrimonio es un arresto domiciliario santificado por el amor ni el noviazgo un examen de idoneidad moral.

No acatar ninguna exigencia irracional y declararse en desobediencia

Si te niegas a entrar en el juego destructivo del amor desconfiado, te ratificarás como el enemigo principal de tu pareja. No acomodarte a sus exigencias será visto por él o ella como un acto imperdonable de alta traición, y si antes dudaba de ti, confirmará con creces sus spechas. Así que poner a un paranoide en su sitio no tarea fácil, porque su ansiedad será directamente proporcional a tu grado de libertad. Algunos de los comportamientos que definen esta actitud son:
• Si no hay confianza no hay relación sana. Con o sin ayuda, la pareja paranoica debe aceptar correr los riesgos naturales de cualquier relación.
• Esto implica que la relación debe ser recíproca y equilibrada en el manejo de la libertad de cada uno.
• El rencor no es aceptable en ninguna de sus modalidades. Si hay resentimientos enquistados, el amor irá extinguiéndose.
• Exigir el derecho a la información sobre los bienes económicos compartidos, que generalmente el sujeto paranoide esconde por miedo a la «estafa marital».
• Dejar sentado que cualquier intento de agresión o persecución indebida tendrá respuesta y será denunciada ante las autoridades legales.
• Eliminar la mala costumbre de justificarlo todo y dar explicaciones molestas y ofensivas sobre la propia conducta.
• No ser cómplice en comportamientos o actitudes paranoides respecto a otras personas inocentes.
• Señalar los errores y los sesgos cuando corresponda.
• Poner como condición que la pareja asista a consulta psiquiátrica o psicológica.
Muchos enamorados paranoicos no soportan la libertad de su pareja y prefieren cortar la relación «por seguridad personal» (lo que podría considerarse un buen final). Pero otros harán uso del derecho a la legítima defensa y podrán tomar represalias violentas y/o acosadoras, lo que no augura un desenlace maduro y pacífico, como debería ser. Podrías intentar un diálogo constructivo y mostrarle que si no cambia su manera de ser se acabará la relación, pero será como arar en el desierto, porque tu decisión de «poder llegar a prescindir de él o ella» será evaluada como una afrenta moral o como la prueba irrefutable de que hay una tercera persona.


¿Hasta dónde negociar?

Como se dijo al comienzo, la premisa de una persona paranoide/vigilante es demoledora porque, hagas lo hagas, todo será usado en tu contra, y aunque no seas un «infiel en serie» o una «estafadora compulsiva», implícita o explícitamente, te tratarán como tal. Esta actitud no deja mucho espacio para la negociación. ¿Corno sostener una buena relación con quien te con-idera desleal y pone en duda tu solvencia ético-moral a cada instante?
Las personas que han estado afectivamente solas mucho tiempo y finalmente encuentran una pareja que vale la pena, saben que una de las mayores satisfacciones es sentir que ahora son dos para transitar la vida. La reconfortante y bella idea del compañero o compañera no parece existir en el sujeto paranoide. Su visión en túnel no le permite procesar el amor y la amistad que su pareja le ofrece. No hay compinches, sólo atacantes potenciales.
Hay que reconocer que algunos sujetos paranoides logran algunos cambios con ayuda profesional. Sin embargo, estas mejorías no suelen generalizarse a la vida afectiva, porque la desconfianza básica como estilo de vida es muy difícil de erradicar. Si no hay confianza, una buena relación se hace imposible. No importa cómo la presentemos, la desconfianza injusta y no fundamentada siempre afecta al acusado; algo se resquebraja cuando la persona que dice amarte pone en duda tu honestidad. ¿Qué negociar entonces? Depende de cada uno: de cuánto amor sientas, de tus principios y valores, de cómo concibas la relación y, sobre todo, cuánto peso le otorgas a la «confianza interpersonal». Tú decides.

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