Pesimismo contagioso: Aunque nos amemos, todo irá de mal en peor
Quizá una de las características más insoportables del pasivo-agresivo sea su habilidad para ponerle al buen tiempo mala cara y crear un estilo pesimista contagioso. Como pájaros de mal agüero viven en un holocausto imaginado. Su máxima es: «Lo peor está por venir». Un hombre se refería de la siguiente manera a su pareja indolente-pesimista: «Podemos estar en el mejor lugar del mundo, en el día más esplendoroso, frente a un paisaje maravilloso, y ella siempre identifica algún aspecto negativo. Es como si le gustara amargarme los buenos momentos. Últimamente le dio por acordarse de nuestras viejas rencillas... Es matemático, cada vez que estamos en una aproximación amorosa, trae a colación peleas que yo ya ni recuerdo...». Los individuos pasivo-agresivos poseen el don de desanimar a los demás y llevarlos al límite de la desesperanza. ¿Existe alguna forma de soportar la cantaleta pesimista del pasivo-agresivo y salir indemne? Conozco tres: entrar en una fase autista, convertirse en un Buda o salir corriendo.
En cierta ocasión se le preguntó a una mujer por qué creía que estaba deprimida. La respuesta fue: «Mi marido me convenció de que la vida es una porquería...». Su compañero era un pasivo-agresivo típico, que desde hacía quince años regaba su dosis diaria de veneno. El trabajo con la mujer consistió en brindarle apoyo psicológico, tratando de equilibrar v compensar en ella el efecto que producía el sesgo pesimista de su esposo. Al año se separó y hoy, aunque no tiene pareja, la depresión quedó afortunadamente atrás. La personalidad pasivo-agresiva hace una apología de la mala suerte y ve cualquier manifestación de optimismo del otro como un objetivo militar que debe ser aplastado.
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