Menosprecio afectivo: Mis necesidades son más importantes que las tuyas
El narcisista no puede abarcar al prójimo porque vive enfrascado en sus propias necesidades y sentimientos. Al ser egocentrista, no sabe descentrarse o no quiere, de ahí su distanciamiento. Y no nos referimos a los brotes naturales de petulancia que todos manifestamos alguna vez, sino a la demanda de un autoenamoramiento que le impide dedicarse a su pareja. ¿Cómo amar y ser amado si sólo reconocemos al otro de manera parcial y lánguidamente? No es posible un amor pleno sin la presencia sentida del otro. En el estilo narcisista, este «desconocimiento amoroso» adopta dos formas típicas: el egoísmo y la manipulación.
Egoísmo
El narcisista suele ser abusivo y arbitrario en el manejo de los bienes comunes de la pareja, sean físicos, psicológicos o emocionales. Liliana lleva siete años de casada con un exitoso hombre de empresa y él siempre ha tenido más privilegios que ella en la pareja. Desde el menú diario hasta la ropa, pasando por las vacaciones, todo se organiza de acuerdo a las preferencias del hombre. Por ejemplo, si ella decide comprar un par de zapatos, el hombre se fija en el precio, analiza opciones y sugiere posibilidades más económicas, pero cuando es él quien va de compras, esas consideraciones pasan a un segundo plano. Esta manera de definir los intercambios se ve reflejada en toda la relación, lo que ha hecho que Liliana busque ayuda profesional para «que su esposo tome consciencia». Sin embargo, esperar que un narcisista sea equitativo por iniciativa propia no deja de ser ingenuo. Ella sigue esperando la mutación altruista de su esposo, mientras intenta mantener bajo control el acaparamiento de su marido para que no se aproveche de ella. Extraño amor. El hombre no es un narcisista de libro, pero posee los ingredientes básicos para hacerle la vida imposible a su mujer.
Hagamos una diferencia conceptual importante.
Egoísmo no es lo mismo que egocentrismo. El primero tiene que ver con la incapacidad de amar a otros a causa de la codicia. El segundo está relacionado con la incapacidad de descentrarse y ponerse en el punto de vista ajeno, lo que hace que la gente termine siendo esclava de su propio punto de vista. Dos incapacidades distintas pero relacionadas: ambas se alimentan mutuamente y destruyen cualquier intento de amar a otro. Estar centrado en uno mismo, de la manera que sea, implica ruptura, aislamiento, mutismo e incomprensión.
Manipulación
Una premisa que guía la conducta de los sujetos narcisistas es que el fin justifica los medios, siendo el fin ellos mismos y el medio, los demás. El prójimo al servicio del beneficio propio. Estos individuos se regodean en planear y poner en práctica las estrategias utilitaristas con certeza meridiana. Eligen a su víctima cuidadosamente, hacen un estudio rápido sobre las ventajas que podrían obtener y luego la introducen en el juego de la manipulación, ya sea por culpa, seducción, miedo o cualquier otro tipo de chantaje.
Y en relación a nuestro tema: ¿habrá alguien más fácil de manipular que un enamorado o enamorada? Si por amor hacemos cualquier cosa en condiciones normales, ¡cómo será si estamos bajo la dirección de un narcisista! Veamos un ejemplo sencillo. Pedro siempre logra que su pareja haga el trabajo sucio: limpiar los baños, sacar la basura o hacer trámites engorrosos. Su principal estrategia manipulativa consiste en mostrarse débil e inspirar protección o ayuda, incluso lástima, si fuera necesario: «Estoy deprimido»; «temo que me rechacen»; «tú eres más segura que yo en esto»; «soy un inútil», o «definitivamente no soy tan inteligente». Su esposa se ha convertido en la «mujer orquesta», a la cual Pedro recurre cuando las situaciones son incómodas para él. Si ella se «porta bien» y accede a sus demandas, él la refuerza siendo afectuoso. Pedro no siente que esté actuando mal, sencillamente cree que él está por encima de esas obligaciones engorrosas y que no nació para ensuciarse las manos. Está profundamente convencido de poseer una condición única que lo exime de ciertas actividades que le fastidian.
Las estrategias de manipulación pueden ser emocionales o materiales, sutiles o desvergonzadas, circunstanciales o permanentes. No obstante, lo que se esconde detrás de estas maniobras psicológicas es una premisa altamente destructiva para las relaciones afectivas: «Como soy superior a los demás, quieran o no, la gente está para servirme». Obtener los objetivos a cualquier coste es una máxima que la sociedad posmoderna promulga como un valor fundamental, orientando a los jóvenes a un concepto de tenacidad mal entendido. No se trata de perseverar a cualquier precio (eso, más que un «valor», es una obsesión), también hay que saber renunciar y tolerar la frustración. Y aquí radica uno de los mayores problemas de las personas narcisistas: no saben perder, y por eso son tan peligrosas.
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