La telaraña del amor maligno
La esencia del amor maligno es la cosificación del otro. Supone convertir a las personas en objetos de uso múltiple y desprenderse de cualquier responsabilidad frente a la existencia ajena. Estar con alguien porque satisface algunas necesidades básicas, pero no más: no hay vínculo, sólo aprovechamiento transitorio y explotación. El estilo antisocial se opone al sentimiento de compasión por los demás seres vivos, es lo contrario del altruismo, su opuesto natural. Un paciente de catorce años que tenía la costumbre de meter animales vivos en el horno microondas y observarlos. En una cita, ésta fue la descripción que hizo: «La última vez metí al gato... Lo que sentí fue curiosidad más que nada, sin embargo, cuando el animal estalló me sentí eufórico... Era como un triunfo, ¿me entiende?... Me di cuenta de que tenía el poder de eliminar lo que Dios creó... Y bueno, estamos a la par...». Obviamente este grado de «placer por el sufrímiento ajeno» sólo se ve en casos extremos. De todas maneras, el desprecio que el estilo antisocial genera por los otros casi siempre termina en un maltrato cruel y sostenido, ya sea físico, psicológico o emocional. La pareja no va al microondas, pero se la degrada moralmente o se la explota sin conmiseración.
La telaraña afectiva del estilo antisocial se teje sobre la base de tres esquemas profundamente patológicos y dañinos:
No me interesan tu dolor ni tu alegría (cosificación afectiva),
Te lo tienes merecido, ¿quién te manda ser tan débil? (desprecio-maltrato) y
No tengo ninguna obligación contigo (irresponsabilidad interpersonal).
<<< Volver al índice de Amores peligrosos

